Moisés Robles (México) – Ojalá supieras… (Novísimos cotidianos)

Ojalá supieras… (Novísimos cotidianos)

Moisés Robles (México)

Ojalá supieras que no he pensado en ti.
Ojalá supieras que me aburro en el trabajo.
Ojalá supieras que los días cuando llueve son hermosos
y la cerveza sabe más rica bajo la lluvia.
Ojalá supieras cuánto que me fastidia el ruido.
Ojalá supieras que empiezo a disfrutar mis clases, pero nunca el trabajo.
Ojalá supieras que el dinero cada vez me alcanza menos
y que ahora me escondo de los bancos.
Ojalá supieras que sigo inventando historias en mi cabeza,
que las escribo, pero nunca las publico.
Ojalá supieras que fumo menos.
Ojalá supieras tengo ganas de ir a bailar los viernes al Habana.
Ojalá supieras que no voy porque las rodillas me duelen.
Ojalá supieras que he bajado cinco kilos.
Ojalá supieras que dejé de leer.
Ojalá supieras que te extraño.
Ojalá supieras que tengo muchas faltas de ortografía.
Ojalá supieras que casi nada es cierto.
Ojalá supieras que no miento.
Ojalá supieras que me asusta cómo pasan los días.
Ojalá supieras que intento reír más seguido.

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Moisés Robles (México)

Creció en un entorno donde la escritura llegó antes que la consciencia de ella: su madre firmaba poemas con su nombre cuando él tenía ocho años, sembrando sin saberlo una voz que tardaría en reconocerse propia.
Su poesía habita lo mínimo y lo cotidiano —un martes, un gesto, el trayecto en camión, el cansancio de los cuerpos— y los convierte en territorio filosófico y político. Con influencias de la Escuela de Nueva York, especialmente Frank O'Hara, Ron Padgett y Ted Berrigan, Robles cultiva una escritura de humor incómodo, espontaneidad y fragmento, cercana también al collage, técnica visual que practica en paralelo a su obra literaria.
Escribe en movimiento y sin orden: entre clases a adolescentes, en paradas de camión, mientras ve jugar a su hijo. Su proceso nace del azar, de una palabra que se instala y se repite hasta abrirse en múltiples sentidos. Le interesan los poemas que parecen inacabados, las voces que se interrumpen, los pequeños errores donde algo más honesto aparece.
Escribe, dice, para ver qué pasa. Y para quedarse un poco más en una palabra.

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