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Moisés Robles (México)

Creció en un entorno donde la escritura llegó antes que la consciencia de ella: su madre firmaba poemas con su nombre cuando él tenía ocho años, sembrando sin saberlo una voz que tardaría en reconocerse propia. Su poesía habita lo mínimo y lo cotidiano —un martes, un gesto, el trayecto en camión, el cansancio de los cuerpos— y los convierte en territorio filosófico y político. Con influencias de la Escuela de Nueva York, especialmente Frank O'Hara, Ron Padgett y Ted Berrigan, Robles cultiva una escritura de humor incómodo, espontaneidad y fragmento, cercana también al collage, técnica visual que practica en paralelo a su obra literaria. Escribe en movimiento y sin orden: entre clases a adolescentes, en paradas de camión, mientras ve jugar a su hijo. Su proceso nace del azar, de una palabra que se instala y se repite hasta abrirse en múltiples sentidos. Le interesan los poemas que parecen inacabados, las voces que se interrumpen, los pequeños errores donde algo más honesto aparece. Escribe, dice, para ver qué pasa. Y para quedarse un poco más en una palabra.