Nada es más volátil e inevitable que el recuerdo mismo.
Producto de una impensable situación:
Amado mío, hoy cometo los mismos errores que quizás en algún Enero.
No te pienso pero no me engaño,
te siento caer aquí dentro en los abismos de cada pequeño verso incesante y no puedo parar . . . no puedo detenerme. En un mundo de drogas no puedo dejar de consumirte, no puedo dejar de beberte en mi taza color vino de las 6:00 am y es más que imposible no exhalarte en un hálito sin prisa de mi cansado cigarrillo.
Te sentaste de frente a mi, me viste a los ojos y no bastó más para saber que ya habitabas mi alma, Me enamoré (como expresión poética universal), todas las tardes, indefinidas, dos horas y muy impuntual.
Tú mi sístole que mueve mundos.
Dejaba que el tiempo nos varara en cualquier otro camino, una deriva, algo desconocido.
Y si yo me fuera contigo perderme sería imposible, tú mi mapa y yo tú único camino.
Pero nunca me gustaría abordar en ningún andén en el cual no estuviéramos juntos para tropezar con nuestras presencias de rumbos indistintos e iniciar una conversación sin mucho sentido, de esas en las que no paras de ver mis gestos y capturar en tus recuerdos momentos no aprendidos.
No importa mucho. De cualquier manera, De irte lo incurable siempre ha sido la acción.
Es más, dejémoslo aquí,
Creo que ya me voy.
Te encontré y Te Amo, adiós.




