Desde la patria celeste
sus ángeles guardianes le cuidan su alegría
su gracia su sinceridad
a través de las tinieblas maldecidas
del reino transitorio.
No está crucificada en tradiciones genuflexas.
Ignora el miedo que pudre lo vital.
Sabe amar intensamente
lo que habita debajo de la piel.
Sabe el sagrado valor de la palabra.
Sabe la heroica valentía de decir
con las vísceras expuestas.




