Mario Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, en 1936, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de La ciudad y los perros, Premio Biblioteca Breve (1962). En 1965 apareció su segunda novela, La casa verde, galardonada por varios premios, posteriormente ha publicado piezas teatrales y sobre todo, novelas, que le han otorgado el merecido premio nobel de la literatura 2010. Entre toda esta riqueza literaria se encuentra La Tía Julia y el escribidor (1972), esta novela autobiográfica dividida en veinte capítulos, cuenta una historia amorosa entre el escritor Vargas Llosa y su tía Julia así como la aparición de un escribidor inédito de radionovelas, Pedro Camacho, que poco a poco pasa a ser componente del romance prohibido.
Sobre la trama de la obra, Vargas Llosa va describiendo lugares, rasgos de la cultura peruana (costumbres, tradiciones) y transgresiones de la sociedad limeña de esa época, envueltas por un ambiente de ironía, humor, de un carácter sensacionalista y tremendista entretejidas en episodios con temas como el amor incestuoso, el asesinato, la violación y automutilación, un parricidio, la locura, el hedonismo de un cura, entre otros. Por otra parte, se destacan algunas conjeturas e hipótesis que en momentos confunden al lector, ya que, la novela no es sólo para entenderla, sino, también para participar en un juego donde el lector debe de estar muy atento a las trampas que se presentan en los diversos escenarios que se narran en la historia.

El cuerpo de la narración se compone por una estructura de collar (una historia que narra un suceso principal en orden cronológico, pero hace varias pausas para insertar otras historias necesarias para dar forma a la obra) y otra estructura que es fragmentaria (presente en algunos capítulos).
El tiempo al que recurre el escritor peruano es lineal. En cuanto al modo de narrar predomina el narrador omnisciente en primera y tercera persona, con un vaivén homodiegético y extradiegético (éste último en ciertos fragmentos). Los personajes en La tía Julia y el escribidor se reducen a tres: los que conforman el romance o la relación (Julia y Mario), los amigos y la familia.
El lenguaje del autor revela rasgos culturales en los diálogos donde interactúan los personajes, como son el frecuente uso de americanismos y regionalismos que dan al texto un tono coloquial y fluido para el lector.
En el desenlace, los elementos que integran la trama de la novela se funden en un rompecabezas donde sólo el lector será testigo de la forma maravillosa en que van encajando las piezas que se ponen en juego.
Una novela muy recomendable, por favor ¡léala!




