Arthr Phoenix – Los Caídos Son Silencio

Los Caídos Son Silencio

Arthr Phoenix

Es tan solo caos disolviendo el dilema del cielo,
Es tan solo arena filtrando el agua del mar,
Resolver un patrón de tramas indistintas
Es volver a encontrarnos frente a frente
Permanecer indiferentes ante el frio del sigilo
Anagramas de lo imperfecto, coleccionando artefactos
Perfeccionando lo que ya es, hasta este punto, obsoleto
Pretendiendo que finges no sentir, intentando disuadir
Diseminar un fruto que no has de ingerir
Para permanecer en paz, en la inalterable balanza
De lo que no se ha de consumir, ni de lo que has de prescindir
Así, has de ver transcurrir el patrón del día
Para culminar en noche la partida, de que no hay salida
De que se ha extinto la silueta de felinos en la acera
Que se escurren entre las rejas y se alejan de quien;
Sin pretenderlo, teme estar solo, pero a su vez,
Es cuando más desea estarlo…  

Irradiando pútridas imágenes de cuartos encriptados
Donde se esconde el río y las hojas se acumulan en el marco,
Abandonando la frágil estructura del tiempo
Para convergir en la intersección de los caminos
Aquellos que nunca se toparon pero aún esperan ser gemelos.
Así sigues escondiendo en tu mano la semilla, para escupirla al suelo
Y pretender que evaporas el alma con la tenue luz de fantasía…
Así abandonas tu cordura, para no estar solo y no ser visto,
Escandida la voz que te susurra, como espástico es el pasmo
Del obelisco incandescente que evoca al ser de entre el ansia,
El creador de entre las nubes de opio conceptual…
Un creador de carne (disoluto), perdido entre tormentas,
Cansado de ser ya, para ser espuma y sofocar la eterna “desidere”.

Me has cansado ya, entre la maleza de este mundo
Y el corroído hedor que de él emana, la corrosión que nunca fue cantada;
Nos desmoronamos junto al mundo, ya no hay fortaleza en el Alcázar,
Los cimientos se han caído, como la polilla que consumió los libros,
Así la historia nos reclama entre sus fauces,
Para que el tiempo olvide nuestros rostros,
Y que nuestras alegorías se desvanezcan como el humo del cigarro,
Aquellos que quisieron ser dioses, hoy se han ceñido al pecho aquella insignia,
Tatuándonos los labios con palabras que jamás hemos vuelto a pronunciar.

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