La familia Orecchio

El señor y la señora Orecchio se hallaban en la sala de estar, con alfombra de lino,
Sumidos en dos ejemplares del diario matutino.

Aquél, como el más obsesivo pianista, encorvado sobre Política.
Aquella, como la más soberbia violonchelista, erigida frente a Sociales.
Sobre la alfombra, en trapisonda semicircular,
Dos niños rollizos y un menudo perro completaban el ambiente familiar.
Más allá, con aires de holgazán, el tío Pigro recostado en el diván,
Leyendo un tercer ejemplar sin par.

“¿A cuál concierto iremos hoy?”,
Preguntó la señora con ojos de onza Troy,
“Grandes compositores-directores convergerán esta noche,
Pero sólo veremos a uno, no hay para derroche”.

“La respuesta es clara, querida”,
Respondió el señor a su esposa aburrida,
“Ambos estamos de acuerdo en que el mejor es uno y sólo un compositor-director”.

La señora rio con languidez
Y acomodó su tez
Para contestar de una vez:
“Por supuesto, cariño; nuestros gustos apiño
Y lo decimos con un guiño”.
Entonces, ambos al unísono lo dejaron fluir,
Jurando que irían a coincidir:

¡Bozzetto!
¡Passacarte!

Por un instante quedaron petrificados,
Anonadados,
Pensando que sus oídos estaban dañados.
El señor habló primero:
“Lo siento, querida, mi tímpano es un tretero
Que me trae mal agüero,
¿Acaso escuché “Passacarte”, el embustero?”

Ella, ofendida, respondió:
“Pues a mí “Bozzetto” me sonó,
El que a todo Bruselas abrumó”.

El señor, irritado, sonrojado,
Habló con tono atrabancado:
“¡Los Bruseleños no saben de música, de tontos son un puñado!”

“¡Ja!”, señaló despectiva su mujer,
“¡Ni su ubicación has de saber!”

A lo que el esposo contestó con creces:
“¡Bruseleños, Bruselacos, Bruseleses,
A mí no me hables de sandeces!
¡Bozzetto es un genio y no lo mereces!”

Acalorada, remató la señora Orecchio:
“¡Passacarte es un obsequio
Que los Dioses mandaron en acequio!

El señor corrigió: “¡Acequia!”
La señora replicó: “¡Entelequia!”
Y con fuerza continuó:
“¡Bozzetto, por otro lado,
Compone mal y es un tarado!”

“¡Explícate!, le dijo su marido,
“¿Cómo puedes criticar a quien inspirarme ha podido?”

“Tu “genio”, prosiguió ella con hablar impetuoso,
No distingue un Andante de un Afettuoso,
Es ignorante y moroso”.

“Pues “tu regalo divino””, contratacó el esposo,
“No pasa de Allegretto grazioso;
Usa el mismo Stringendo, abusa del Vivo y deja el final A piacere.
¡Ni un crítico lo quiere, ni un maestro lo sugiere!”

“Dime”, replicó la señora con nariz de cueto,
“¿Quién en el mundo usa tanto Adagietto,
Aparte de tu querido Bozzetto?
¡Es insensato, le falta recato!
Passacarte, por su parte,
Es fresco, innovador y adora el arte”.

“¡¿No te das cuenta, mujer?!”, explotó el señor, y a todos pegó gran susto,
“¡Bozzetto hace magia con las cuerdas: Sostenuto, Morendo, Tempo giusto!
Es nostálgico, catártico…”

“¡Letárgico!, completó la esposa,
“Un Vivace es lo que buena falta le hace”.

Al señor Orecchio esto no le gustó:
Respingó y luego enfureció;
De su asiento saltó y pisotones dio.

“Para la música”, replicó, “Passacarte es un cobarde:
Quasi esto, Quasi lo otro, para todo es un Non troppo.
¡La falacia más grande es su continuo alarde!”

Siguieron discutiendo sin parar;
Hasta el perro había dejado de ladrar.
Los niños estaban aterrados,
¿Cuándo cesaría ese rechinar de exasperados?

Súbitamente, desde la sala adyacente,
El tío Pigro gritó
Y a los esposos interrumpió.

“¡Atención, gente!”, pronunció fuerte,
“Que una noticia importante debéis escuchar:
En vuestros oídos va a retumbar.
Dice el encabezado: “Gran concierto cancelado”.
Los compositores-directores, víctimas de tragedia nacional:
Una tremenda indigestión los mandó
Del bacanal al hospital.
Nadie sobrevivió;
Supongo que a su desfile, la lluvia le tocó”.

El señor y la señora Orecchio se quedaron mudos, estupefactos,
Volvieron a sentarse y reflexionaron sus actos.
Una nube gris sobre la sala se cernió
Y presto el silencio reinó.

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RIP Blake (México)
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