Días en el extranjero (Novísimos cotidianos)

Días en el extranjero

Moisés Robles (México)

Lunes

No sé si es Berlin
o cualquier otra ciudad en decadencia
donde los edificios parecen recordar mejor que yo.
Ubicarme será lo último que aprenda.
Tu nombre no se traduce,
lo pronuncio como si estuviera en casa
sólo para ver si alguien voltea.

Martes

El supermercado está lleno,
abarrotado de gente y marcas que desconozco.
Nada me resulta familiar;
sólo el olor de las manzanas verdes
al lado de los duraznos
y un cartel que dice algo,
algo que no entiendo.

Miércoles

Sentado el la plaza central
miro el mundo que se mueve.
Espero verte, aunque no
sepa
a quien espero.

Aquí todo lo que se dice
parece tener subtítulos
que no alcanzo a leer.

Jueves

La lámpara parpadea sin motivo aparente,
esta habitación tiene horas de sobra.
Afuera llueve.
La página del diario
permanece en blanco.
Me parece que mi reflejo envejece
más rápido que yo.

Viernes

Mientras camino
hacia la estación de tren,
descubro una calma clara
sobre las calles húmedas que piso.

Recuerdo entonces
que dejé la taza todavía con el café,

que sin saber por qué
lo único que aprendí

en esta lengua extranjera

es cómo se dice
adiós.

Avatar photo
Moisés Robles (México)

Creció en un entorno donde la escritura llegó antes que la consciencia de ella: su madre firmaba poemas con su nombre cuando él tenía ocho años, sembrando sin saberlo una voz que tardaría en reconocerse propia.
Su poesía habita lo mínimo y lo cotidiano —un martes, un gesto, el trayecto en camión, el cansancio de los cuerpos— y los convierte en territorio filosófico y político. Con influencias de la Escuela de Nueva York, especialmente Frank O'Hara, Ron Padgett y Ted Berrigan, Robles cultiva una escritura de humor incómodo, espontaneidad y fragmento, cercana también al collage, técnica visual que practica en paralelo a su obra literaria.
Escribe en movimiento y sin orden: entre clases a adolescentes, en paradas de camión, mientras ve jugar a su hijo. Su proceso nace del azar, de una palabra que se instala y se repite hasta abrirse en múltiples sentidos. Le interesan los poemas que parecen inacabados, las voces que se interrumpen, los pequeños errores donde algo más honesto aparece.
Escribe, dice, para ver qué pasa. Y para quedarse un poco más en una palabra.

Artículos: 3

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *