
Como Abdón Posos violinista, es violinista antes que cualquier otra cosa, antes que los títulos, las etiquetas o cualquier intento por definirlo. Hay algo en él que siempre termina regresando al violín: la necesidad casi inevitable de crear, de tocar, de estar frente a un escenario y sentir que, durante unos minutos, el mundo entero puede caber dentro de una melodía.
Es un artista ambicioso, sí, pero no por vanidad. Lo es porque sueña en grande, porque una oficina siempre le quedó pequeña y porque nunca aprendió a conformarse con una vida que no le hiciera latir el corazón. Sueña con escenarios gigantes, con teatros llenos, con esos momentos en los que las luces se apagan, el público guarda silencio y solamente queda él, su violín y todo lo que ha tenido que atravesar para llegar hasta ahí. Y ha sido un camino largo, una historia de fracasos, de puertas que no se abrieron, de momentos en los que seguramente tuvo que preguntarse si valía la pena continuar. Pero también de pequeñas victorias que, precisamente por haber costado tanto, se sienten enormes. Éxitos esporádicos, quizá, pero cargados de significado, porque hay triunfos que no se miden por el tamaño del escenario, sino por todo aquello que tuviste que vencer para poder estar sobre él.
Estudió en la BUAP, pero su formación no terminó en un aula. Internet se convirtió en otra universidad, en una interminable biblioteca para alguien hambriento de conocimiento. Abdón aprendió buscando, preguntando, equivocándose, insistiendo. Le gusta aprender cuanto tiene enfrente, pues tiene esa curiosidad de quien sabe que todavía le queda muchísimo por descubrir.
Y quizá una de sus batallas más silenciosas fue aprender a relacionarse con los demás, a confiar, a dejar entrar personas en su mundo, y no fue sencillo. Pero con el tiempo descubrió que la vida también se construye con los vínculos que elegimos. Hoy, su escenario es sagrado, lo mismo que sus amigos. Ellos son esa familia que no llegó por sangre, sino por casualidad; una familia que la vida puso en su camino y que, con el tiempo, terminó siendo parte esencial de su historia. Un pequeño círculo, quizá, pero lo suficientemente grande para sostenerlo cuando las luces se apagan.
Porque detrás del violinista, detrás del artista ambicioso, del hombre que sueña con escenarios enormes, existe alguien que simplemente quiere encontrar su lugar en el mundo. Y tal vez esa sea la verdadera historia de Abdón Posos violinista, no la de un hombre que busca convertirse en alguien, sino la de alguien que lleva toda la vida luchando por convertirse, finalmente, en quien siempre supo que podía ser. Y mientras exista un escenario, una melodía y alguien dispuesto a escuchar, su historia todavía no termina.

Fotografía: Carlos Abraham
Modelos: Abdon Posos y Aleyda Gallardo



