
Aníbal Malaparte es un poeta adepto a la contracultura, practicante de artes marciales e historiador egresado de la Universidad Veracruzana, titulado con la tesis Banderas de fuego, pechos de luz. Voluntarios mexicanos antifascistas en la Guerra Civil Española.
Colaborador o fundador de diversas tertulias literarias tales como Adictxs a la Poesía, Vérsame Mucho, Conspiración Poética, entre otras. Ha participado también en diversos encuentros literarios nacionales e internacionales como el Encuentro Babel, Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, la Fiesta Itinerante del Libro Alternativo y el Festival Internacional Arte Ahora. Como también ha publicado en diversas revistas literarias como Aullido, Multiversos, Enpoli, Lectabulo, Poetry Alquimia, Carcaj, Vagabunda, Alcantarilla, Calameo, Oclesis, La más medula, Amigantia, Montaje, Innombrable, Mal de ojo, Nagari, Anfibia, Sol negro, Raíz Invertida, Coloso, 5 Petalos, Awita de chale, Culturel, Con Voz Propia, Herederos del Kaos, Acantilados de papel, Isotopías, Intervención y Coyuntura, Escritores rebeldes, Molino de Letras, Mimeografo, Lo que somos, Canal Literatura y Ventanas Abiertas.
Es autor de los siguientes poemarios Escribe poesía, construye bombas caseras (2019), Conversaciones de odio (2020), Delirios nihilistas (2020), La asamblea de los fantasmas (2023) y Lo que aprendimos de Ayotzinapa (2024).
Enlaces de interés: @malaparteanibal
¿Cuáles son las principales influencias o inspiraciones en tu obra?
Creo que es una pregunta particularmente compleja, la lista de inspiraciones e influencias son básicamente un mapa cognitivo y existencial de mi vida, como cualquier otra persona, soy el resultado de mis condiciones históricas y materiales. Pero creo que hay dos influencias fundamentales en mi vida: los libros y el rock.
Nací en un país que sufrió mucho durante la Guerra Fría, los servicios de inteligencia estadounidenses y las tropas mexicanas lanzaron una ofensiva de desaparición forzada, tortura y asesinato contra el sector revolucionario de los trabajadores en la Guerra Sucia, para después usar esas mismas técnicas contrainsurgentes contra toda la población mexicana en la mal llamada Guerra contra el narco. No solo eso, sufrí violencia cognitiva mientras crecía, porque tuve la mala suerte de haber sido sometido desde pequeño a los diversos intentos de lavado de cerebro del fundamentalismo evangélico.
Pero también era un niño que disfrutaba de la escuela, pese a la mediocridad de la mayoría de mis profesores aun encontré valiosa información en mis libros de historia o ciencias naturales. Eso me llevó tanto a la biblioteca municipal donde aprendí muchísimo del mundo, leyendo los comics de Asterix y Obelix o las aventuras Sherlock Holmes o Auguste Dupin resolviendo misterios, pero también a libros como los de Rius, que pese a sus contradicciones u omisiones me daban valiosa información sobre el mundo, gracias a ellos llegué al marxismo a una edad más bien temprana, gastaba mis ahorros en comprar libros por catálogo y así conseguí El miedo a la libertad de Fromm o los Pasajes de la guerra revolucionaria del Che Guevara. Eso, sumado a la llegada del internet me abrió un mundo de conocimiento del que nunca estaré lo suficientemente agradecido.
Al mismo tiempo, escuchaba la música de moda y en general me parecía algo peor que aburrida, me parecía ridículamente tonta, sé que lo que digo es muy duro, pero era un niño soberbio y no era difícil notar el patrón: los mismos supersticiosos cuyas conversaciones se reducen a chismes maliciosos y que apenas saben leer y escribir son los mismos que consideran talentoso el pop cursi de televisa o se apantallaban por la propaganda a favor del narco del regional mexicano. Objetivamente no solo sus letras eran malas, sino que además sus ritmos y melodías no requerían virtuosismo o siquiera talento para tocarse, al mismo tiempo conocí el folklor e incluso aunque no me gustaba veía más valor en un Huapango que en un pop. Pero tuve suerte, por ejemplo, mi padre tenía una colección de casetes de músicos como Silvio Rodríguez, Víctor Jara o The rollings stones y eran increíbles, buscando llegué al rock en español y con ese género descubrí a Caifanes, que se convirtió en la primera de cientos de bandas de rock que he disfrutado y cuyas letras me han inspirado hasta el día de hoy.
En general crecer en una sociedad tan enferma donde tenía que explicar lo obvio y a pesar de ello no ser comprendido era… complejo, eso me llevó a ser un adolescente rebelde e iconoclasta ¿Por qué tenía que obedecer a esas figuras de autoridad más allá del miedo a ser castigado? la mayoría no solo no tenían el conocimiento o la sabiduría que afirmaban tener, sino que su poder sobre sobre mí para obligarme a encajar en un molde era degradante, es imposible hablar con ellos porque no saben comunicarse, solo ser obedecidos por rutinas, además eran narcisistas sin remedio. Fui acusado de sociópata cuando crecía, solo por defenderme activamente, pero en mi defensa: se lo merecían, el Tae Kwon Do me ayudó en ese punto. De alguna manera mi rebeldía me llevó a conseguir algunos admiradores, incluso amigos y pareja. Y esa es una lección importante, probablemente la más importante de mi vida: ser autentico me lleva siempre a tener relaciones verdaderas y satisfactorias.
¿Cómo inicia generalmente tu proceso creativo?
Ver el mundo y el desastre en el cual vivimos me obliga tanto a militar por el cambio como también a escribir poesía, no veo el sentido en separar ambas esferas, es mi rebeldía y mi creatividad proletarias al servicio de algo más grande que yo mismo: he escrito de todo, desde mi profunda tristeza hasta mi rabia, desde instantes de mi vida que quiere compartir hasta reflexiones sobre lo que soy, lo que fui y lo que ya no quiero ser.
A veces me siento frente a mi laptop para escribir y termino sin escribir nada, pero no porque no hiciera nada, sino porque me puse a investigar sobre algo. En otras es al revés, de pronto me embarga una necesidad demandante por escribir y lo hago por días enteros, sin descanso.
Crear es exigente, y soy mi mayor crítico, pero lo disfruto enormemente.
Me gusta escribir en múltiples lugares, a veces me voy a una cafetería, pido un cold brew con naranja y me pongo a escuchar a Miles Davis con mis audífonos mientras escribo, en otras ocasiones me encierro en mi departamento a escuchar a Joy División mientras bebo ginebra barata y escribo, una vez me metí un ácido con un amigo y nos agarramos a golpes a puño limpio, sin camisa ni zapatos, solo por diversión mientras escuchábamos a Yuja Wang interpretando a Chopin a un volumen insano, uno de mis poemas favoritos, pero aun sin publicar salió de esa experiencia.
¿Qué temas o inquietudes aparecen con mayor frecuencia en tu trabajo artístico?
Creo que mi odio por la distopia en la cual vivo, como también mi deseo por la utopía.
Escribí un libro entero sobre la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, así que supongo eso sirve para demostrar cómo me niego a normalizar la deforme situación en la cual vivimos. En estos momentos la causa palestina es la causa del mundo y por supuesto que me sumé a las protestas, hablando desde la literatura pronto tendrán noticias al respecto.
¿Qué buscas expresar o explorar a través de tus obras?
Me parece que la lista aquí es enorme pero también una gran diferencia entre ambas palabras.
Expreso mi frustración y tristeza, siempre estoy triste, el capitalismo ha hecho algo mucho peor que matarnos, nos dejó vivos mientras nos robó el futuro, estamos en pleno 2026, deberíamos de discutir cómo construir una red de dyson y comenzar a planificar la automatización del trabajo para poder dedicar nuestro tiempo libre cada vez mayor a las cosas hermosas de la vida como la ciencia, las artes o la filosofía, en cambio, vivimos en un mundo donde vemos un genocidio en vivo y en directo por redes sociales y las personas le piden a la IA que les mienta (saben que su vida es horrible, pero no quieren ni pueden aceptarlo) y se invente datos tan absurdos como peligrosos ¿les parece que eso es normal? no es normal que vivamos bajo el mandato imperialista que llena nuestro país de armas, técnicos de tortura y fentanilo, no es normal que estemos siendo bombardeados con corridos tumbados que glorifican psicópatas iletrados o que pongan a un cipayo a “cantar” usando autotune en la glorificación del complejo militar-industrial del imperialismo y lo llamen revolucionario o decolonial.
Alguien tiene que denunciarlo en voz alta, el capitalismo es enfermizo y nos mantiene siempre en una hedonia depresiva, buscando placer sin salir jamás de la depresión, yo mismo he sido contaminado por ello, pero, así como escribo también milito, no tengo otra opción ni la busco, he pagado el precio, he sido criminalizado en periódicos, perdido oportunidades académicas o laborales, he sido traicionado por anarquistas que histéricamente me acusaban de fascista, torturado por la policía y soportado un simulacro de ejecución extrajudicial, me he agarrado a golpes con falangistas y neonazis criollos. Pero la verdadera clave es lo segundo ¿Qué exploro? expreso mi rabia y tristeza de ser un proletario colonizado en el capitalismo tardío, pero exploro las nuevas posibilidades del mundo. Pese a todo vivir es increíble, he probado vinos deliciosos, postres exquisitos, he tenido la bendición del amor y la amistad, de disfrutar de música increíble, de comics, de mangas y de literatura, he podido leer a miles de autores ¿y saben qué? quiero eso para todos, todos merecemos vivir experiencias satisfactorias, todos merecemos calidad de vida, merecemos venganza por el pasado y justicia para el futuro y eso es lo que exploro en mi poesía, quiero que mis libros sean participes de la creación de nuevos mundos.
Si lo expreso en términos de cultura pop diría que el mañana se parezca a Star Trek, no a Dune.
Si lo expresamos en términos científicos quiero vivir lo suficiente para ver no solo para ver la sistemática destrucción del fascismo, también quiero volver al futuro, quiero que la humanidad recupere la promesa del socialismo, quiero ver el potencial creativo del proletariado, quiero ver nuevos instrumentos crear música asombrosa junto con los instrumentos clásicos, quiero vivir lo suficiente para ver el amoral aburrimiento que vendrá en el socialismo tardío, y mi poesía también explora eso.
¿Cómo dialoga tu obra con el contexto cultural o personal en el que creas?
Ya algunos de mis críticos han notado, pero me gusta ser intertextual, me gusta recordar que no me encuentro aislado, sino que formo parte de toda una arqueología de las voces del pasado y una red para las voces del presente que apuestan por los futuros que alguna vez nos cancelaron. Mi poesía no existe aislada, sino que insiste a partir de otros textos. Soy parte de una genealogía poética de la misma manera en que pertenezco al proletariado, la clase de la historia, la clase que redimirá a la humanidad.
Por eso no me cierro a nada, si en mi poesía quiero dialogar con The Cure, Lenin o Rumiko Takahashi lo hago, creo que ponerse límites a uno mismo no solo es caricaturescamente equivocado, también es ridículamente estúpido. Los limites no tienen sentido y mi poesía se esfuerza no en demostrarlo, sino en apreciarlo.



