El estigma del titán caído, es el legado de las calles abatidas
De los gritos perdidos entre tierra y muros deformados
De las vidas difuminadas boca a boca, en los oídos del pueblo
Es el recuerdo gestado en el vientre de las flores, entre mares de tinta vertida,
Cual caudal entre sabinos, arrastrando vestigios de troncos podridos,
De reptiles y de espuma matinal, soneto perpetuo del monótono despertar de monolitos
ahogados en la ciénega pantanosa que alberga y consume esos sueños de riqueza fugaz…
Es el titán que fue engullido por el lodo en sus pies
Y arrastrado a las profundidades por los brazos de la maquinaria voraz,
De la ambición a ciegas y de la traición a nuestra propia naturaleza
Peor aún a nuestra gente…
Junto a él se hundirán los dioses fálicos que se alzan a sí mismos con luces,
Con poder y nepotismo, con la virtud de estar vacíos y con el don que provee el hambre.
Los antiguos dioses de piedra observan, con sus ojos enmohecidos por la vida
Desde el anonimato de la espesa maleza, entre la gente, entre los pasos de la ciudad
Done nadie se atreve a mirar sus huellas, donde nadie sueña con ver los arboles crecer
Donde se han olvidado del color de las aves…
Ahí esperarán a que las larvas invadan su piel de hierro y las piedras lapiden su rostro.
Quien antes elevaba su frente con orgullo y apuntaba al cielo con optimismo,
Es el mismo que hoy rasca el suelo seco, esperando que sus lágrimas le devuelvan
Su lugar en la historia…
Así con su rostro en el suelo se olvidará la dignidad de todo un pueblo
Entre máquinas y escombros; en el olvido de una colina azotada por el viento
Lapidado por quien nos despojó de nuestro futuro…
Olvidado por quienes ya no se atreven a soñar con el pasado y se pierden en una caja de sombras
Donde las historias se repiten y el morbo les consume…
Salve la memoria del titán caído,
Lapidado por la voluntad de narciso
Y abandonado por la apatía de un pueblo sometido…




