Ardiente paciencia

Me desperté como a la diez con el ruido horrible del portón debajo del departamento, es como si te pegaran con un platillo (uno conta otro), estallido en la oreja. Me había dormido a la dos de la madrugada cuando se acallaron las voces y apareció la música y las musas desde el fondo de algún cajón y las letras se fueron esparciendo por mis dedos con el compás del Pop Romance Latino. Después del estruendo al abrir el ojo y tantear la mesita de luz, buscando el celular que sonó varias veces, un relumbrón me dejo viendo estrellas y como un pequeño espejo con reborde de colores que giraba sin control y se movía cambiando de posición como en un tetri. Me lavé varias veces el ojo con agua fría y me quedé en la semi oscuridad. Después leí un rato la novela de Pedro Mairal, Los Nuevos (me tiene atapado como en La Uruguaya), me fui preparando mental y corporalmente para el partido de Argentina con Cabo Verde, qué desde ahora el que pierde se va a casa. Hice una escapada rápida a la avenida Cazón a pocas cuadras de donde vivo en Tigre Centro a comprar una picada y unas prepizzas qué con la locura del partido estaba todo colapsado. Al volver prendí la tele en el canal de los Ángeles, pinchada la señal (que me bajaron los gemelos) y me dispuse en el sillón de playa con tiras verdes a ver cómo sale Messi con la albiceleste y el resto del equipo. Cayó a último momento mi amigo el poeta y entre tiempos muertos hablamos de literatura, del verso libre y, que lo clásico nunca muere. Los poetas malditos, Baudelaire y León Felipe (Antología Rota) y como en una rueda de mate Pizarnik y Rimbaud y la discusión sobre Neruda, la Isla Negra y, en mi caso que comparto con la narrativa, Skarmeta, El cartero de Neruda, (Cucinotta, mi amor eterno). Sufriendo como la mierda con los jugadores y el arquero que aprendió viendo videos por YouTube y ataja como la hostia y era electricista y tenía menos seguidores que Menem el día del cumpleaños. Y le atajó casi todo al mejor jugador. En medio de la picada y el fragor del partido levanto el pie y se acalambra el dedo gordo se inyecta y no lo puedo bajar y no puedo gritar que ganó ARGENTINA. El dolor era peor que caerte de un quinto piso. Sigo viendo por Instagram al arquero estrella y también el gol de Messi una y otra vez.

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Carlos Ricardo Monti (Argentina)
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