TE ROGAMOS LA GLORIA cantada por Calíope.
VERSO, GERMEN INSTANTÁNEO;
eslabón escondido
del mundo ordinario.
Súbita aparición
que ilumina
con la luz de la revelación.
Mucha luz,
demasiada luz,
luz que horroriza
luz que crea
luz que ciega
luz que silencia.
Visión oculta
en la claridad inmemorial
de tu existencia;
misterio por fin conocido,
aunque inefable;
indigno de la palabra común.
Justo reclamo… vana petición.
Destino inmaterial
sin correspondencia entre canto
y la evocación prístina.
Fracaso anunciado
de la epifanía que se pierde
en un signo inasible.
Poeta, hacedor de imágenes
por tu poder conferido
entréganos, al menos,
el umbral de los paraísos perdidos,
una síntesis de los Edenes negados
por esta incapacidad de traducir
los indicios naturales
que reclaman el retorno al origen
al orden primitivo de las cosas
en donde mundo y humano son unidad,
simbiosis primigenia;
código universal
que dispones en cada poema
como sinécdoque de un tiempo sin tiempo
espacio donde emerges artífice,
recreador de aquel destello
que ya no encandila
que ya no enmudece,
visible en la palabra conciliadora
de enigmas ancestrales
y fantasmas que están por nacer.
¡QUÉ VALOR AGUARDAS, POETA!
Has robado la luz celestial
para dársela a los humanos
en el canto que abrasa el alma.
¡Qué valor aguardas, poeta!
Afrentas el mito incierto
para forjar realidades
con el sufrimiento terrenal.
¡Qué valor aguardas, poeta!
Nos libras de supersticiones
para crearnos a nuestra ley
por medio del fuego poético.
¡Qué valor aguardas, poeta!
Nos has legado a Dios en la voz
mientras penas encadenado
y con el buitre esperándote.




