El afán de saber lo que le depara al hombre después de la muerte es un tema tocado ya en las religiones como en el pensamiento filosófico y literario. En 1990 Joel Schumacher presenta al mundo del cine Línea Mortal (Flatliners) que, desde una óptica experimental, trata de adentrarse a las profundidades de ese arcano siempre presente. Un grupo de estudiantes de medicina deciden experimentar en carne propia lo que hasta ahora no se ha podido comprobar, el mito de, si efectivamente, existe algo más allá de lo terrenal. Para esto se desprenden de los signos vitales por unos cuantos minutos, induciéndose en muerte clínica, y siendo resucitados por los otros cuatro restantes con ayuda de los aparatos con que cuentan en la escuela. El día coincide con el Halloween, al parecer el augurio no es muy alentador, sin embargo, la osadía o imprudencia se pone en marcha.
Cada uno de ellos estando ya en trance mortal no dejan de sentir y ver eso que les ha marcado la vida. Es decir, el acontecimiento con sentido de culpa es la principal preocupación que su inconsciente les deja volver a vivir en el momento que el corazón deja de palpitar. Y una vez acabado esta práctica el tormento no cesa, al contrario, sigue pareciendo tan real y auténtico como en el viaje a las lejanías de lo desconocido. Cada situación es muy particular debido a las diferentes emociones del que han sido objeto los estudiantes. El dolor y miedo se apodera de ellos afectando su cotidianeidad. La única manera de enmendar el daño que ocasionaron en el pasado consciente o inconscientemente es la redención. Parafraseando a José Ramón Guzmán, la mente no puede olvidar ni lo que hiso, ni lo que dijo, y la victima más que nadie, mucho menos cómo la hicieron sentir. Se está en una situación de primero aceptar lo hecho y luego enmendarlo. La manera resulta difícil, porque algunos de ellos no cuentan con esos seres a quienes se les busca pedir perdón. Pero de algún modo es necesario hacer hasta lo imposible por quitarse el lastre que ahora los persigue. El halo que rodea a la película es lúgubre, no era para menos debido a la temática. El resultado es una mezcla del género misterio y ciencia ficción. Mientras que Bergman partir de un cuadro fue inspirado a filmar El séptimo sello en un cariz filosófico religioso con la duda por delante de su personaje principal, Schumacher termina adentrándose en el lado psicológico si bien la idea original era científica, o quizá, el cuerpo no experimenta nada relacionado con el alma, sino tan sólo con el subconsciente.




