Nuestra actitud vital también es historia. Quiero decir, los hechos históricos no son el mero resultado de otros hechos, sino de una voluntad singular, capaz de regir dentro de ciertos límites su fatalidad.
(Octavio Paz, El laberinto de la soledad)
Nace en la ciudad de México el 31 de marzo de 1914, momentos en los que país pasaba por la revolución, comienza sus estudios en Estados Unidos, en 1920 regresa con su familia a México, en 1936 por la fatídica muerte de su padre emigra a España en donde combate en el bando republicano de la guerra civil, participa en la alianza de intelectuales antifacista. Vuelve a México para continuar sus estudios graduándose en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fue miembro de las misiones educativas del Gral. Lázaro Cárdenas en una escuela para hijos de obreros y campesinos de Mérida. Donde comienza su carrera como escritor con su primera obra Entre la piedra y la flor, el cual retrataba la problemática de la explotación del campo yucateco. Fue fundador de la revista literaria Taller, en la cual participo hasta 1941. Dos años después recibe la beca Guggenheim.
En 1951 fue enviado a Francia donde convivió con los surrealista y participo en la revista Esprit, es en esta estancia donde publica una de sus obras mas conocidas El laberinto de la soledad, el cual es un ensayo sobre la identidad y el pensamiento de los mexicanos, dos años después es enviado a la India a trabajar en la embajada de México un año después se encontraba en Japón, regresa a la ciudad de México donde dirigió las oficinas de los Organismos Internacionales de la Secretaria de Relaciones Exteriores.
En 1968 se encontraba en Nueva Delhi, año en que México sufre la masacre de Tlatelolco, y debido a estos lamentables sucesos responsables del gobierno, en manera de protesta renuncia a la embajada, dejando claro su inconformidad con el gobierno de Díaz Ordaz. Después de esto trabaja en diversas universidades norteamericanas.
1971, con la presidencia de Luis Echeverría, funda la revista Plural, la cual era una fusión entre literatura y política, la cual dirigió hasta 1976.
Paz siempre demostró su rechazo contra las violaciones de los derechos humanos por el régimen comunista, lo cual le atrajo un gran rechazo por parte de la izquierda Latinoamérica y de algunos estudiantes universitarios.
“En México, antes, había sido visto con sospecha y recelo; desde entonces, la desconfianza empezó a transformarse en enemistad más y más abierta e intensa. Pero en aquellos días [década de los 1950] yo no me imaginaba que los vituperios iban a acompañarme años y años, hasta ahora”[1]
19 de abril de 1998 Octavio Paz muere en Coyoacán, Ciudad de México. Después de que fue trasladado por el gobierno de la republica un año antes, después que un misterioso incendio destruyo su departamento y lamentablemente parte de su biblioteca.
Octavio paz en vida y como escritor nunca estuvo centrado en solo estilo, siempre esta experimentando con la tinta creando una poética que sorprendía con cada publicación, por lo cual seria imposible clasificar, ninguna etiqueta podría definirlo pero en todas encajaría al menos en una parte. Fue neomodernista en sus comienzos, luego tomo temas más existencialistas, otras veces se inclinaba al surrealismo. Aun que de estos estilos se puede notar mayormente sus tendencias surrealistas.
Fue un poeta en constante evolución, jamás se estableció en un solo estilo, para no limitar el poder de su pluma, sus versos están plagados de imágenes de una suma belleza y descriptiva critica a su entorno, mostró constantemente la preocupación por la sociedad mejicana, lo cual se nota en los tres temas mas recurrentes en su obra, la soledad, la incomunicación, y la problemática existencialista.
Una de las mayores invenciones de su pluma fueron los topoemas, poesía espacial, el los cuales se denota la severa preocupación por el tiempo, el cual tiene una gran diferencia con la poesía temporal y discursiva. Puede considerarse como una poesía metafísica en la cual la palabra se convierte en una sucesión de imágenes, todo esto con una inclinación a lo sugerente y expresivo.
Como fuente de expresión Octavio Paz escoge el ensayo para expresarse libremente, sin seguir ninguna teoría determinada. En El laberinto de la soledad, Paz realiza una reflexión critica acerca de los aspectos nacionalistas sin terse directamente a definirlos o a solucionarlos. No muestra interés por conceptualizar el concepto de mexicanidad o establecer la esencia de la misma, Paz busca analizar los elementos primordiales que considera importares en la conducta social del mejicano, el cual podría entrar en un concepto mas universal, observando tópicos como la nacionalidad, los mitos, la modernidad, la diferencia de clases.
Dentro de la obra de Paz se puede encontrar una serie de conceptos filosóficos, uno de los principales es la clara influencia de El ser y la nada de Sartre.[2] El concepto existencialista para Sartre, la soledad tiene un carácter antológico. Donde la realidad social empírica tiene poca importancia, aplicándose en temas de la libertad y la individualidad.
Octavio Paz toma estos supuestos para exponer su idea de unión con la otredad, en su análisis de las relaciones humanas la libertad del otro tiene escaso valor, debido a que su reflexión esta ligada a la búsqueda de la comunión, por lo cual habrá que hacer un lado la individualidad a los intereses colectivos. Dado a que el ser humano independiente de su nacionalidad, busca la comunión con una sociedad.
A esta idea le involucra las observaciones de Fichte. En el cual manifiesta que el ser no se encuentra solo en el universo, que esta rodeado a otros seres que lo ayudaran a encontrar su filiación humana, debido al bien colectivo. Por lo tanto, el yo como ser individual encontrar un lugar en la sociedad y brindara la posibilidad y ayuda para el cumplimiento de la moral colectiva, de esta forma el individuo para hacer un ser colectivo, volviendo esto una ética de comunidad
La idea de la nacionalidad por lo tanto pasa a ser una creación comunitaria donde los individuos, para Fichte cada nación esta animada a un alma o espíritu colectivo
“para los filósofos alemanes como Herder, Fichte y sus sucesores cada nación estaba animada por un alma o espíritu colectivo que se expresaba a lo largo de su historia en su literatura, arte, leyes, instituciones, héroes, santos y, sobre todo, en su lenguaje mismo.”[3]
Octavio Paz también toma las ideas de los Romanticismo alemán. La sostiene la encarnación del Espíritu en formas del mundo material y el regreso del Espíritu hacia su punto de partida. Donde los seres se encontraban en un principio unidos a través de los lazos que se fueron rompiendo, de esta manera, el individuo se encuentra en la búsqueda constante de volver a su origen. Paz recupera esa idea. Mezclando las concepciones filosóficas y literarias del romanticismo. Llega a la conclusión que la esencia de la mexicanidad ciertamente se encuentra en el Espíritu, pero que éste tiene una manifestación terrenal cuando el ser humano se encuentra en relación con la tierra.
El existencialismo y la tradición romántica son dos de los elementos filosóficos que se conjugan en el Laberinto de la soledad. La búsqueda de la esencia de los mexicanos está regida por un Espíritu que se ha manifestado en distintas Formas como lo es la colonia, la reforma y el porfiriato. Aun que este espíritu encontró su acopio en la naturaleza con la Revolución. Al final Octavio Paz sostiene que los mexicanos están unidos con todos los seres humanos. Los mexicanos solitarios son iguales a todos los solitarios del mundo. De este modo, existe una universalidad en los sentimientos. Ciertamente los elementos míticos y de conducta social descritos en los distintos capítulos parecían rasgos distintivos de los mexicanos, pero en última instancia cada mexicano se encuentra en relación directa con el resto de los seres humanos. Cada una de las características aparentemente mexicana tiene un gozne que la lleva a ser universal.
Bibliografía:
Paz, Octavio. Prologo, Obras completas tomo IX. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro. México: Fondo de cultura 1996.
Sartre, Jean Paúl. El ser y la nada. Ensayo de ontología fenomenológica. Alianza Editorial, México 1989.
Brading, David E. Octavio Paz y la poética de la historia mexicana, Fondo de Cultura Económica, México, 2002.
[1] Paz, Octavio. Prologo, Obras completas tomo IX. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro. México: Fondo de cultura 1996.
[2] Sartre, Jean Paúl. El ser y la nada. Ensayo de ontología fenomenológica. Alianza Editorial, México 1989.
[3] Brading, David E. Octavio Paz y la poética de la historia mexicana, Fondo de Cultura Económica, México, 2002.




