Leiru Racso es el espejo literario de Oscar Uriel R. Cancino: su nombre al revés, una declaración de principios antes de escribir la primera palabra. Chiapaneco, formado en Lengua y Literatura Hispanoamericana, encontró en el juego de los contrarios no solo un seudónimo sino una filosofía: la convicción de que toda obra puede voltearse, reinterpretarse, verse desde el otro lado del cristal para revelar un mundo distinto.
Su acercamiento a la literatura comenzó desde la infancia y se formalizó en la primera década del 2000, cuando empezó a publicar en revistas y medios virtuales sin más agenda que el gusto. Cuento, poesía, terror, crítica social: géneros que en su escritura no se excluyen sino que se contaminan entre sí. Ha participado en concursos literarios nacionales e internacionales —de poesía, narrativa, terror y temas libres— cosechando reconocimientos que, según él mismo admite, han quedado perdidos en algún rincón de la memoria. Actualmente trabaja en dos antologías que buscan reunir lo publicado y obra nueva.
Pero Leiru Racso no solo escribe: construye espacios para que otros también puedan hacerlo. Como promotor cultural fundó un grupo de teatro que llevó pequeñas presentaciones —títeres, escenas vivas— a comunidades de Chiapas, sembrando cultura donde los escenarios formales no llegan. Esa misma convicción de que el arte debe ser libre y circular lo llevó a fundar el Castillo de la Monstruosidad, proyecto cultural que con el tiempo evolucionó hacia Sabak’ Ché, foro cultural virtual cuyo nombre proviene del maya: el árbol del que se extrae la tinta para escribir.
Desde ese árbol nació en 2013 la Revista Mimeógrafo, el proyecto que más lo ha apasionado fundar y dirigir. Una publicación sin filtros ni censuras, con presencia en varios países, que abre sus páginas a voces independientes, emergentes e internacionales bajo una filosofía clara: que la obra hable por sí misma y que el arte, en todas sus formas, encuentre un lugar donde existir sin pedir permiso.
Él no se llama a sí mismo escritor, o no exactamente. Prefiere decir que juega a escribir, porque para él escribir es experimentar, romper reglas, retratar la realidad sin lineamientos ni normativas. Su literatura no busca ser más que un reflejo de su existencia y del mundo que percibe. Un espejo, como su nombre, donde las cosas pueden verse al revés y cobrar, desde ahí, un sentido completamente nuevo.



