La revolución beneficia al pobre, al ignorante,
al que toda su vida ha sido esclavo,
a los infelices que ni siquiera saben que si lo son
es porque el rico convierte en oro las lágrimas,
el sudor y la sangre de los pobres.
(Mariano Azuela)
México ha sido escrito con sangre, su historia es de guerrillera y de sumo valor, hogar de héroes que han defendido su libertad y su derecho a ser mexicanos, la constante lucha por la tierra y la justicia. Una oda a la valentía y las causas de la libertad, sus tierras muy diferentes a todas las vistas, están pobladas por bellos valles que demuestran la rudeza de sus pueblos, y de la magia de su gente.
Varios escritores han tratado de retratar el rostro del revolucionario mexicano, ese rostro del indio campesino, tan sucio de tierra y sudor, de sueño y realidad, un campesino que ha sido importante en nuestra historia aun que pocas veces conocido, son los rostros de los olvidados. La historia trata de recordarlos constantemente, una vez al año le dedicamos un homenaje, donde teñimos los cielos con esos colores patrios que nos simbolizan. Y nos vestimos con carrillera en pecho como mostrando que aún estamos presentes.

¿Pero quienes fueron?, ¿cuál era la mentalidad del mexicano?, ¿cuál es la verdadera fiereza de nuestra raza y cuáles son nuestros cansados sueños? A estas preguntas nos responden celebres poetas de nuestra lengua y nuestra historia, que retratan nuestro constante vivir en este país de revueltas, y luchas revolucionarias. Y aquí entra Demetrio Macías, el héroe de los de abajo, de los pobres, del México independiente, el campesino que luchara aun herido de muerte hasta la victoria. Pocos personajes pueden representar al mexicano, pero Mariano Azuela logra esto con su novela Los de abajo, en cuyas páginas describe la odisea de Demetrio por estas tierras tan llenas de piedras como de nopales, con toda su gente.
La novela Los de abajo es este canto a una época difícil para México. Comienza con el humilde hogar de nuestro héroe y la arremetida de los federales que no respetan a su sangre, hasta que el temor de ver frente a ellos a un héroe los hace temblar y huir en busca de ayuda, pero la impotencia logra abrazar hasta a los más valientes, cuando Demetrio debe de separarse de su esposa y de su hijo, para poder comenzar con el camino de una lucha que sería por un instante eterna.
La obra icónica de Azuela, es dentro de la literatura mexicana, el recuerdo trágico de una época, sus costumbres y tradiciones, sus ideales y sueños, en ella no existe el héroe común de libros de historia, o ese arete tocado por dioses como la antigua literatura griega cantaba. No, aquí está el héroe real, el mortal, el hombre que lucha por su libertad y la justicia de su pueblo, aquel que una noche antes no era más importante que la milpa que sembraba para su familia, y que de pronto, como única armadura, una carrillera en pecho, carabina en mano, y la sangre corriendo caliente como el campo de sus tierras, se lanza contra el tirano, aquel que no es un monstruo de mil metros de altura, con mil cabezas, y en cada una mil dientes afilados, pero es parecido en poder a una Hidra.

Azuela logra retratar en esta obra él México en el que vivió, a su gente y sus ideales, las razones de por qué el pueblo, los de abajo, se levantan con un grito revolucionario y a pesar de tener en contra toda probabilidad, estos luchan contra los federales, en la novela se puede ver las tradiciones del campesino, el coraje que este siente ante la impotencia de la injusticia. Ese era el pueblo que retrata Azuela en su obra, la lucha constante del campesino, las injusticias del gobierno, la realidad del México revolucionario de 1910.
Aun que Mariano Azuela no ha sido el único en representar el rostro del campesino mexicano, es él, el que logra mostrar el rostro épico y clásico del guerrero interior que tiene el pueblo. Como él los menciona los de abajo, los olvidados, los que han dado tierra para cultivar y vivir.




