XXVII
Excelsa y Remota Voz Insular
apiádate de estos tus afligidos consagrados,
de sus lamentos y toda esta inmensa vacuidad
/de palabras;
Excelsa y Aclamada Voz Insular
compadécete de estas solemnes recitaciones que
/silenciosamente te ofrecemos,
dígnate a escribirnos en los pentagramas eternos
/de tu alma;
Excelsa y Primigenia Voz Insular
enaltece con tu ermitaña omnipotencia estos solitarios
/latidos,
que mi garganta proclame los versos más agradecidos
/solo para mi
Excelsa y Alabada Voz Insular:
Y de tu bendita promesa no te olvides, la que tienes reservada
para los que entonan intensamente al mundo sus más vastas
/elegías;
Honrada seas por siempre mi Excelsa y Consoladora Voz Insular,
que estas humildes letanías me hagan indigno merecedor –algún día-
de tu Plena y Misericordiosa Poesía.
XXVIII
En ti esperaré,
aunque esta indecible tribulación silencie
/nuestras trémulas escrituras:
Propiciatoria vastedad entristeciendo la silenciosa
/sonoridad de estas palabras,
sólo/ completamente solo/ insularmente abismado,
aunque estas piedras resuenen todavía dentro de
/la atávica voz de nuestras almas;
no obstante, confiaré en Ti para que restaures estas
enmudecidas cuerdas con tu vibratoria omnipotencia.
XXIX
El origen de nuestras ceremonias conmemora:
Todos sobrecogidos para después atesorar la silente
y primitiva eternidad que heredaremos ya dentro de la
/oquedad definitiva
(postreros suspiros del alma y onomatopeyas surgiendo de
/las bocas primordiales),
en torno nuestro las sombras resplandeciendo las partituras donde
/se registran las remotas elegías
y estos cánticos (ininteligibles y dispersándose a través de las abisales
/vibraciones)
que entonan con apasionada reverencia, ya en su último esfuerzo sonoro,
el atávico deseo de silenciarnos, Poesía, dentro de tus insulares abismos.




