Lapidado,
las canéforas son un vaivén,
los topacios sirven de guía en los callejones,
enemigos con alianzas perversas callan,
se postulan las luciérnagas y rosas abrumadas en la calima,
lanzan su haz en lo profundo de un pensamiento perdido,
extravagantes y poco soñadoras…
Esparcidos los amaños en las estrellas danzarinas,
los moldes se desvanecen con celeridad
sondeando en la taciturna caverna de áureos insípidos,
donde alberga un pseudo profeta.




