Cierra el mundo,
se apagan los fuegos.
En la repentina oscuridad
miramos con los dedos.
Azorados y jóvenes como nunca,
palpamos carne y tiniebla.
Los besos vienen desde antes,
desde un fondo antiguo y nuestro.
En las salas desiertas
resuenan latigazos de ternura.
Laberinto de niebla
donde perdernos juntos.
Fotografía: Carlos García




