
«Todo lo que sé es sucio, desagradable».
— Atribuida a Carl Bernstein y Bob Woodward.
Querido amigo:
He escuchado los rumores acerca de ti, sobre lo que haces en tu canal y también, sé quién fuiste antes de ser “Querido amigo”. Conozco mis fuentes, pero no te preocupes, no revelaré nada tuyo, ni espero que reveles nada mío, excepto lo que te voy a contar. La razón, que me ayudes a sacar a la luz esta noticia que he investigado por casi dos años y hacer justicia para quienes padecieron este hecho, que por dos décadas, o tal vez más, han sucumbido por la infamia de personas, cuyos nombres están en la información que te compartí, como también la negligencia de las familias de las víctimas, que vieron este problema con “ojo de paga”, ignorando la desesperación de sus hijos, quienes ahora están enterrados en su mayoría, o refugiados en el anonimato, esperando que yo pueda darles un cierre.
Antes de contarte mi historia, quiero presentarme primero, mi nombre está en el correo de este mensaje y en la información que te pasé. He sido reportera desde hace quince años, soy una apasionada de las noticias que tengan que ver con el tema de los derechos humanos. Mi gran inspiración ha sido Lydia Cacho, cuya obra, Los demonios del Edén, fue precursora para interesarme con el tema y por el que decidí nombrar a mi editorial, donde trabajé junto con otros colegas que se fueron del Cuarto poder, donde rechazaron mi investigación, explicando un caso de explotación, del cual mi hermano, de manera abrupta y violenta, decidió quitarse la vida.
Pasó una noche que todos consideramos como cualquiera, él se había preparado junto con otros alumnos de su escuela para un concurso que se llevaría a cabo la siguiente semana. Todo era tranquilo, nadie, ni siquiera sus compañeros y amigos, a quienes interrogué en el velorio, supieron qué pasaba en su mente para auto eliminarse. Amarró su sábana, como si fuera un lazo y se lo amarró alrededor del cuello, mientras se puso un cuchillo de serrucho en la garganta, por si lo primero no resultaba. La mañana siguiente, mi hermano no salía de su cuarto, nos preocupamos, ya que por costumbre él se despertaba antes que todos en la familia. Mis padres entraron y vieron a mi hermano colgado, yo vería la escena poco después. El mundo entero se nos fue a todos ese día. Fue tanto el dolor y pesar que sufrieron mis padres los siguientes años, que los terminó consumiendo. Yo cursé la universidad sintiendo muchas emociones en ese momento, la que más perduraba era la culpa, por no estar pendiente de mi hermano, por no ver las señales cuando intentó quitarse la vida y por no poder evitarles la pena a mis padres. Todo eso, hizo que me volviera más dedicada a mi carrera y más tarde a mi trabajo.
Al graduarme con honores, me ofrecieron una oportunidad de laborar en varias editoriales de Tuxtla Gutiérrez, elegí el “Cuarto poder”, por tener mayor alcance en la gente de Chiapas. Trabajé como correctora de estilo, observé y trabajé miles de reportes que me llegaban a diario, analizando su contenido y reparando los errores ortográficos y sintaxis. Es cuando leí uno, el cual trataba sobre un chico que se suicidó en su casa, arrojándose desde el techo, mientras su familia descansaba adentro, sin saber lo que iba a hacer. Al leerlo, me entró una dolorosa nostalgia, pues era la misma situación que mi hermano. Esa noche, al terminar mi trabajo, fui a casa a investigar la historia del chico. Era un alumno ejemplar, sin ningún historial delictivo, becado por varias universidades en el país. La escuela, su familia, amigos y conocidos cercanos, nadie sabía las razones que tenía para decidir suicidarse.
A pesar de que el tiempo y las escuelas fueran diferentes, el caso del chico y mi hermano eran similares, lo cual me resultó sospechoso. En mis ratos libres decidí investigar el caso en secreto, tratando de encontrar un posible patrón. En tres meses, no sólo descubrí eso mismo, sino también una verdad que muchos sabían, pero que nadie habló. Resultó que antes de mi hermano, hubo tres casos iguales, con alumnos que estudiaban en escuelas donde eran financiadas por una organización benéfica llamada “VENOM” (que significa “Veneno” en inglés), la cual ayudaba a las escuelas de bajos recursos a financiar equipos de mantenimiento, personal docente y útiles escolares para los alumnos que no podían pagar siquiera la inscripción. Mi hermano era uno de esos alumnos. Además de financiar varias escuelas en el municipio, también promocionaba el programa de concurso, El tesoro del saber, donde las escuelas mandaban a sus alumnos más destacados a competir entre sí, en busca del premio, el cual era una cifra entre los ochenta y cien mil pesos.
Descubrí también que las escuelas, tras perder en el concurso ya no volvían a participar en los años siguientes. Aquel dato me pareció interesante. Decidí indagar en las escuelas que ya no participaban y descubrí varios casos de alumnos que se quitaban la vida de formas abruptas y violentas: desde automutilaciones hasta accidentes infringidas por ellos mismos. La última fue del chico cuyo reporte leí, al año de que su escuela participara en el concurso El tesoro del saber, y perdiera por un margen corto contra la escuela donde estudió mi hermano. Así es, mi estimado, mi hermano se suicidó, pero su escuela no perdió en ese concurso, del cual jamás supe al respecto, pues estaba muy concentrada en la universidad, que no me di cuenta, hasta ese momento.
Por otro lado, las escuelas que resultaban ganadoras del concurso, recibían una indemnización, tanto los alumnos participantes, como los maestros designados de representar a la escuela y los directores de las mismas. Después de lo ocurrido con mi hermano, quedaba claro que había muchos cabos sueltos en la participación de la organización VENOM, como también de las escuelas que fueron y son financiadas por la misma. Fui un día a la escuela a indagar el asunto, pero el director se mostró evasivo conmigo y no obtuve ningún dato al respecto.
Después de un año investigando sola, sentí que era el momento de compartir mi trabajo con alguien más. Le conté a un colega y amigo, a quien le tomé un enorme cariño, al punto de tener la idea de formar una familia con él. Le expliqué sobre VENOM y su participación con las escuelas y El tesoro del saber, junto con el pago de recompensa para el ganador, como también las implicaciones que tomaban ciertos alumnos de las escuelas que no resultaban ganadoras. Mi amigo se quedó anonadado, me dijo lo obsesionada que estaba con el caso y los problemas que me metería, si continuaba. Le contesté que “no me importaba, mientras se supiera la verdad y se hiciera justicia por mi hermano y los otros jóvenes”. Guardó silencio un momento y me respondió que aceptaba ayudarme, sin condiciones.
En los siguientes meses, él se encargó de encontrar a quien me diera mejor información que la recopilada. Como subjefe de reportaje, ese asunto sería fácil. Yo me sentí desesperada, quería encontrar la respuesta de inmediato, pero mi amigo me recordó que no podíamos apresurar las cosas, sin levantar sospechas. Luego de tres meses, encontramos a un maestro que dio clases en la escuela de mi hermano dos años antes de que él se suicidara. Decía saber el origen de todo.
Mi amigo y yo organizamos una cita con el maestro en un lugar privado en la ciudad, donde nadie nos molestara. Al vernos en persona, preguntamos lo que queríamos saber y él soltó todo, a detalle. Resultó peor de lo que imaginé. Cinco años antes de que mi hermano se auto eliminara, las escuelas en Tuxtla pasaban por una crisis financiera que amenazaban con clausurar varias instituciones educativas, incluyendo las llamadas “prestigiosas”. Fue tras la llegada de la organización VENOM, que todo cambió. Los miembros dirigentes se presentaron en cada escuela, ofreciendo pagar lo que necesitaran, al principio se sintieron bendecidos, pero tras hablar del concurso, entendieron el verdadero plan de esa gente. A cada escuela se les hizo firmar un contrato de confidencialidad, como también un acuerdo de “mandato absoluto”, donde debían obedecer todos los estatutos que la organización mandaba, ya sea estipulada o no. Esa parte no entendimos mi amigo y yo y le preguntamos al maestro qué significaba.
En palabras del maestro, VENOM no es más que una tapadera del narco para lavar su dinero que viene del extranjero, en especial de Estados Unidos. Para que ese dinero pueda ser llevado de manera legal a México, debe promocionarse bajo algún organismo de índole social que sea benéfico para el pueblo mexicano, y pensaron que las escuelas serían el ejemplo perfecto. Impactada por saber esa noticia, pregunté cómo se desarrollaba esa tapadera. El maestro explicó que a través del concurso, El tesoro del saber, es como realizan el movimiento, transfiriendo el dinero en cantidades pequeñas a los involucrados que resultaron ganadores del concurso. Quedé anonadada con esa respuesta, es cuando mi amigo preguntó algo que tenía en mente pero no hice: “¿Qué consecuencias tienen las escuelas que no ganan el concurso?”
El maestro lo explicó:
“-Como ya les expliqué, las escuelas, aparte de firmar un contrato de confidencialidad, también firman un contrato especial, que más parece un contrato de obediencia. Ese contrato es la discordia para todas las escuelas en Tuxtla, porque especifican las consecuencias de no ganar el concurso. Ese contrato estipula que la escuela que resulta ganadora recibirá una recompensa de cien mil pesos. Pero, para la escuela que no resulte ganadora, debe reembolsar de su bolsillo la misma cantidad que se sorteó en el concurso, antes de que se abra la convocatoria para el año siguiente. Ese contrato se les muestra a los directores, maestros designados para apoyar a los alumnos elegidos para competir en el concurso y sus padres o tutores, a la semana de recibir el apoyo económico de la organización. ¿Se imaginan la presión que les ejercen a los jóvenes después de eso? Ellos viven, comen y duermen en las escuelas, a permisión de los padres, para que estén listos para el concurso. Lo último es un decir, pues nunca vi que durmieran. Durante mi tiempo laborando allí, vi a muchos alumnos que no podían soportar estar despiertos o cuerdos mentalmente, de lo explotados que estaban. Incluso ganando el concurso, ya no eran los mismos”.
No pude evitar llorar tras escuchar la historia del maestro, me preguntaba si mi hermano por esa esa presión. Pero, lo que me pregunté en ese momento, y aún me sigo preguntado, mi estimado, es si mis padres sabían lo que pasaba con él. “¿Lo sabían todo y decidieron callar?” ¿Por unos cuantos miles de pesos?” “¿En serio valía más eso que la vida de mi hermano?” Preguntarme aquello me puso más decidida a hundirlos a todos. Le pregunté al maestro si tenía alguna información que nos pudiera servir a mí y a mi amigo. Él nos compartió varias hojas de papel dobladas, los cuales resultaron ser los contratos, la lista de alumnos que participó en el concurso el año que fue designado para representar a la escuela y cartas de los padres de familia de los estudiantes que decidieron quitarse la vida, luego de haber perdido el concurso, afirmando el dolor que les provocó perder a sus hijos y lo arrepentidos que estaban de haber aceptado las concesiones que VENOM les impuso, junto con el director.
“-Espero que eso sea suficiente, señorita.-Me dijo, mientras le estrechaba la mano y le agradecía por ello. Aquella información lo era todo.
Por desgracia, cuando llegamos a las oficinas del Cuarto poder, a dejarles mi investigación, mi jefe me dio la negativa, afirmando que esa gente ya es dueña de media Tuxtla, que publicar esa noticia sería meterse en una guerra contra ellos, de la cual nadie saldría vivo para leerla.
Le supliqué a mi jefe que lo hiciera público, que muchos jóvenes, incluido mi hermano, debían merecer justicia por lo que esa organización y su gremio les hizo. Él ni siquiera se inmutó, tomó mi trabajo y me lo entregó, como si fuera un reporte mal escrito. Me sentí furiosa, le arrojé los papeles en la cara y le insulté e injurié todo lo mundanamente posible, provocando que mi jefe me echara de su oficina y también de la editorial, permanentemente.
No fue mi buen momento, pero no me dejé vencer, en los siguientes cinco años intenté que varias editoriales y canales de televisión y radio le dieran cobertura al caso, pero todos se negaron, sin siquiera entender su magnitud. A punto de rendirme, mi amigo, junto con su padre, un gran financista y estupenda persona, me financió un espacio para armar mi propia editorial, donde yo, junto con él y varias personas que conocimos en el Cuarto poder, nos dedicábamos a revelar noticias que no son bien recibidas por las demás editoriales. Como dueña de la editorial, no pude evitar darle el nombre, Los demonios del Edén. El último año, ya habiéndome dado nombre en el medio periodístico, utilicé la oportunidad para dar a conocer el caso de VENOM y su inclusión en el crimen organizado y la influencia que ha tenido en las escuelas del nivel medio superior. Con los años se fueron presentando más casos, que hizo la historia mayor, esperando un impacto similar.
Por desgracia, sucedió lo que mi exjefe y amigo advirtieron que pasaría. La gente de la organización empezó a meterse conmigo y el resto de mi editorial. Nos amenazaban, primero de manera anónima, y cuando eso no nos impedía trabajar, ya lo fue de físicamente. A mi amigo, quien me apoyó desde siempre, lo asesinaron una noche que salía del trabajo, junto a su padre, quien estuvo con él en ese momento, pagó el mismo precio, a manos de ellos. Luego de ese terrible suceso, toda la gente que trabajaba para mí, decidió irse. He estado sola desde entonces, pero no me rindo.
Hace un par de meses, el maestro que me brindó la información que necesitaba me habló de ti y tu canal. Tardé una semana en investigarte y me llamó la atención que también trabajaste en el Cuarto poder, pero fungiendo como informador anónimo. Con eso me convencí de pedirte ayuda. Te comparto mi investigación, para que lo revises y estés consciente de la magnitud del problema y las muchas vidas que se cobró, sólo para mantener sus negocios turbios, también el reporte que me tomé la libertad de escribir, el cual le titulé “Explotación intelectual”. Ayúdame, por favor. No sé cuál ha sido tu caso, pero estoy segura de que tienes suficiente moral propia para no dejar impune este caso. No lo hagas por mí, ni por ti, hazlo por los jóvenes que ya no están, por un periodismo sano y ético, y para tener una sociedad más segura y feliz.



