
Está ahí.
Con chillona desvergüenza exhibe las escamas
de su encumbramiento.
Su fingida cortesía como una trampa feroz.
La oscura tiniebla de su aura.
Sus ojos sepulcrales de reptil.
Su corazón terrible y árido.
Su insulsa máscara sin nadie dentro.
Está ahí.
Avivando las antorchas del amor más heroico.
Liberando su bondad como luciérnagas o colibríes.
Quemando lo falaz de toda apariencia.
Abriendo dimensiones con su arte.
Escarbando en su dolor para sacar tesoros.
Sembrando espigas luminosas en el pecho de lo irremediable.



