Gerardo García Cáceres (México) – Día de Muertos

Día de Muertos

Gerardo García Cáceres (México)

El pueblo mexicano adora las fiestas y, en gran medida las reuniones públicas, de esta forma, las generaciones han ido construyendo, a lo largo de los siglos, la figura emblemática en torno al culto a los muertos.

Las costumbres ancestrales son una lucha constante contra el olvido; por sus características místicas encarnan las fantasías, los temores y las ansiedades de los pueblos prehispánicos, desde entonces no podemos olvidar el inconfundible y misterioso olor a in cienso y la aromática flor de cempasúchil (zempoalxóchilt, flor de muerto, para los aztecas) son una herencia a la cultura de las nuevas generaciones en espera a la llegada de las ánimas que se ha vuelto omnipresente en los altares del pueblo mexicano.

Nuestro tradicional Día de muertos, es una reserva de sabiduría mística y un banco muy bien conservado de información religiosa y cultural de todos los pueblos de nuestra patria.

Las formas son muy diversas, y ayudan a entender por qué, año tras año, las mesas de los altares y las tumbas siguen llenándose de magia, misterio y de narraciones por tanto, representan un permanente retorno a lo inexplicable de lo que hay más allá de la muerte.

Los rituales en los altares y tumbas son el punto más solemne, pues en ellas se depositan o se ofrendan para los seres queridos que han partido a una mejor vida, en ese espacio se encuentra la comida  que era del gusto de la persona fallecida; el agua, como elemento vital para calmar la sed; la flor de cempasúchil, por su aroma sirve de guía a los espíritus; la vela es utilizada como la luz que iluminará el camino eterno, y el copal, elemento indígena que sirve para purificar el ambiente.

En nuestra cultura nos distinguimos por no temer a la muerte, inclusive la desafiamos al hacer mofa de ella desde las artes plásticas como la emblemática “Catrina” de Posada, pasando por las canciones desideratas de cómo será nuestro funeral; también las hay en los alimentos como las calaveras de dulce con algún nombre propio, papel picado con la figura de la muerte, pan de muerto con la forma de huesos; todo lo que representa la muerte son siempre burlas a la misma suerte.

Todas estas manifestaciones encarnan nuestras contradicciones sobre la forma de tomar la vida: con seriedad o ironía y que de alguna forma nos ayudan a sobrevivir contra todo mal.

El tradicional Día de muertos y las diferentes expresiones culturales, forman una galería representativa de los festejos a los fieles difuntos. Cada pueblo muestra un universo propio con sus particulares legados.

El origen

El origen sobre las tradiciones del Día de muertos en México, se puede observar desde la época donde habitaban los indígenas en Mesoamérica, antes de la llegada de los españoles, en los pueblos de los aztecas, mayas purépechas, nahuas y totonacas, vestigios arquitectónicos con los glifos de la muerte. De igual forma se puede observar en la lápida que cubre la tumba del rey Pakal, en la pirámide de las Inscripciones de Palenque, es un bajorrelieve donde se distingue la figura de un hombre preparándose para su viaje al otro mundo.

“La otra vida”, el morir en la época prehispánica era la antesala del Mictlán, el viaje hacia el reino de los muertos o inframundo, conocido también como xiomayan, término que los españoles tradujeron como infierno.

En la cultura azteca, la “Dama de la muerte”, Mictecacihuatl, presidía las festividades en torno al culto a los muertos.

Los eapañoles llegaron a América en el siglo XV y se aterraron al ver las prácticas paganas de los indígenas; de esta manera cuando intentaban convertir a los indios americanos al catolicismo, cambiaron las fechas de las festividades e hicieron que coincidiera con las fechas católicas del Día de todos los santos.

El Día de todos los santos es un día después de “Halloween” o día de brujas en Norteamérica, el día de brujas es un ritual pagano de Shamain, el día céltico del banquete de los muertos.

La fiesta religiosa de todos los santos se celebra en muchos países de tradición cristiana. En los países en que su tradición es católica, se celebra el 1 de noviembre; por otro lado en la iglesia ortodoxa, se celebra el primer domingo después del Pentecostés.

En la fecha de todos los santos, se veneran a todos aquellos santos que no tienen una fiesta propia en el santoral o calendario eclesial.

México es grande por la magnitud de sus fiestas, tal ejemplo se comprueba  al observar la civilización contemporánea que rinde a las ánimas y a los angelitos un tributo de exquisita lealtad, porque así puede cubrir su tristeza o su pesar, el derroche de alegría o convertir en carnaval un acto solemne lo fortalece, su dolor calma, se contagia de la pena ajena y cae en un grito silencioso llorando sus penas, así sea con la disfunción económica que no hace renacer la vida, y aunque a veces el genuino golpe publicitario del “Halloween” lo enamore no cae rendido y puede más la dimensión ancestralmente importante de la oferta espiritual de todos los santos.

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José Gerardo García Caceres (México)
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