
Este 2026, festejamos los 121 años del natalicio del poeta chileno Pablo Neruda, el 12 de julio de 1904 en Parral, República de Chile y falleció el 23 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile, Chile.
Entre los múltiples homenajes que se han venido realizando, hay uno muy interesante organizado por la Universidad de Chile, que consiste en una muestra pública de más de 1000 piezas marinas que fuera donada por el propio escritor a la casa de estudios.
Las mismas fueron recogidas en los distintos viajes que el poeta realizó a lo largo de su vida. Un comunicado de la casa de estudios detalla: “El vasto conjunto de caracolas destaca por la variedad de sus clases, colores y dimensiones, reflejando el riguroso interés científico del autor”.
Pablo Neruda, fue el seudónimo y posterior nombre legal de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, y hablar de él, es hablar de amor, exilio, ideología, lucha, solidaridad, poesía y unión latinoamericana.
Considerado una de las voces más altas de la poesía del siglo XX. Sus principales obras son: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Canto General, España en el corazón, Residencia en la Tierra, Estravagario, Cien Sonetos de Amor, La espada encendida, Memorial de Isla Negra y Confieso que he vivido (Memorias del poeta).
Obtuvo gran número de premios, destacando el Nacional de Literatura de Chile (1945) y el Premio Nobel de Literatura (1971). La vida de Neruda, no sólo estuvo marcada por las letras, la política fue otra de sus pasiones.
Fue miembro del Partido Comunista de Chile, precandidato a la presidencia de la República, postulación que declinó en favor del Dr. Salvador Allende, fue Senador (1945-1950) y también diplomático, representando a Chile como Cónsul en México (1940-1943) y embajador en Francia (1971-1973).
Durante su primera visita a los Estados Unidos Mexicanos, el 24 de agosto de 1940, el periódico El Nacional, publica una entrevista a Neruda recién arribado en ese momento al denominado, Distrito Federal (D.F), donde externó:
“Tienen ustedes en México, grandes poetas; quisiera que en Chile los poetas tuvieran como los de aquí, esa peculiaridad que radica en la forma (…) Yo no puedo decirles a los poetas de Chile nada sobre este asunto, porque precisamente yo he perseguido deshacer la forma, la forma que es propia de México”.
El 17 de agosto de 1943, Neruda recibirá el Doctorado Honoris Causa, otorgado por la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo (UMSNH), en honor a su obra y su labor cultural en México, ocasión en la que leerá un discurso titulado: “Mis gloriosos laureles”.
Pero, ¿que decía Pablo Neruda sobre nuestro México?
Quiero compartir un fragmento de “México, florido y espinudo” donde el escritor trasandino muestra el amor por nuestra tierra mexicana.
“Vagué por México, corrí por todas sus costas, sus altos acantilados, incendiados por un perpetuo relámpago fosfórico. Desde Topolobambo bajé por esos nombres hemisféricos, ásperos nombres que los dioses dejaron de herencia a México cuando en su territorio entraron a mandar los hombres, menos crueles que los dioses.
Anduve por todas esas sílabas de misterio y esplendor, por esos sonidos aurorales. Sonora y Yucatán, Anáhuac, que se levanta como un brasero frío donde llegan todos los confusos aromas desde Nayarit a Michoacán, desde donde se percibe el humo de la pequeña isla de Janitzio y el azufre del nuevo volcán del Paricutín juntándose en la humedad fragante de los pescados del lago de Pátzcuaro.
México, el último de los países mágicos, mágico de antigüedad y de historia, mágico de cultura y geografía. Valles abruptos atajados por inmensas paredes de roca, de cuando en cuando se ven colinas elevadas recortadas al ras como por un cuchillo, inmensas selvas tropicales fervientes de madera y de serpientes, de pájaros y de leyendas.
Y no hay en América, ni tal vez en el planeta, país de mayor profundidad humana que México y su gente. A través de sus aciertos luminosos, como a través de sus gigantescos errores, se ve la misma cadena de grandiosidad generosidad, de vitalidad profunda, de palpitante historia de germinación inagotable.
Con el siguiente poema de mi autoría vaya mi homenaje a ese gran poeta americano y universal.
MIRADA POÉTICA AL SUR
Hacia donde mira el poeta,
a las oscuras, ígneas, difusas,
hendiduras del alma.
Inicia viajes sin horizontes reconocibles
a través de su escritura
a lugares
sólo visitados por él.
Otras veces se sumerge en los pantanos
más lúgubres del alma,
se transforma en explorador
de insondables veredas.
Habla del olvido sin retorno,
del exilio,
de las sombras,
de los cielos y fantasmas,
del amor y del encono,
del delirio y la soledad,
de la mirada y el tacto,
del recuerdo y los ecos,
del hombre y la mujer,
de vida y muerte,
de amor y guerra.
Mira al norte y al sur,
navega sin cesar,
buscando su Isla Negra
para anclar.



