Alberto Quero (Venezuela)

Nació en Maracaibo, Venezuela. Narrador y poeta.

Es Licenciado en Letras, Magister en Literatura Venezolana y Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad del Zulia. Miembro de la Asociación Venezolana de Semiótica. Profesor de inglés, francés y español como idiomas extranjeros.

Ha publicado los siguientes libros de narrativa:  Dorso (1997), Esfera (1999), Fogaje (2000), Giroscopio (2004) y Aeromancia, (2006) y Borde (2015)

Ha publicado dos poemarios: Los que vinieron (2013) y Del azar y otras nimiedades (2018)

En revistas universitarias venezolanas y extranjeras ha publicado varios artículos académicos sobre semiótica y narratología

Ha obtenido  los siguientes premios: Mención de honor en la XII Bienal de Literatura “Eduardo Sifontes” (1997), Segundo premio en el concurso estudiantil de poesía de LUZ (1998), Premio único en el concurso estudiantil de cuentos de La Universidad del Zulia (1999), Primer premio en el concurso de poesía de La Universidad del Zulia (2001), Premio “Andrés Mariño Palacio”, otorgado por la Gobernación del Estado Zulia a escritores noveles (2002), Primer premio en el concurso de poesía “Por una Venezuela literaria”, Editorial Negro Sobre Blanco (2013).

Textos suyos han sido recopilados en “Los espejos plurales” (Poesía, Universidad del Zulia, 2000) y en “Cuentos de monte y culebra” (Cuento, Universidad de Los Andes, 2004).

Es miembro de la Asociación Venezolana de Semiótica y de la Asociación Canadiense de Hispanistas. Fue coordinador de la Sociedad Iberoamericana de Escritores en Venezuela y corresponsal literario para Latinoamérica en CKCU FM 93.1 en Ottawa, Canadá

Preguntas sobre tu proceso creativo

  1. ¿Cuáles son las principales influencias o inspiraciones en tu obra?

Muchas. Sobre todo, porque en mi proceso creativo trato de abarcar dos vertientes, que son la narrativa y la poesía. Además, siendo venezolano, hay muchos maestros entre los cuales escoger.

Ahora bien, si se trata de nombres específicos, en narrativa puedo mencionar a Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes, Moravia, Mann, Boll, Hesse. Entre los venezolanos, Balza, Uslar Pietri, Otero Silva, Díaz Rodríguez.  Y en poesía, Pessoa, Baudelaire, Rimbaud, Plath, Dickinson, Longfellow, Sexton, Ginsberg, Vallejo. Y entre los venezolanos, Sánchez Peláez, Cadenas, Montejo, Vestrini.

2. ¿Cómo inicia generalmente tu proceso creativo?

De dos maneras. En primer lugar, teniendo la imaginación presta, atenta, dispuesta a lo inesperado. Por ejemplo, dice Paul Mc Cartney que él soñó la melodía de “Yesterday”. Y a Freddie Mercury se le ocurrió “Crazy little thing called love” mientras se bañaba. Podemos llamarlo imaginación, intuición, inspiración… como sea. Lo cierto es que la posibilidad de encontrar una idea y desarrollarla hasta convertirla en un producto terminado, está ahí, latente. En segundo lugar (y, sobre todo) abriendo los sentidos al mundo. Por ejemplo, una idea puede comenzar al escuchar una conversación casual de dos extraños en un autobús. O leyendo un articulo de prensa acerca de un tema al azar.  También puede darse una combinación de las dos anteriores: nuestra propia interioridad puede verse potenciada por estímulos externos, y viceversa. En todo caso, se requiere de atención y de disciplina. La creatividad es un músculo: se desarrolla si se usa. Y si, no, se atrofia. Se dice que Bach escribía una sonata a la semana. La mayoría fue desechada, porque ni a él mismo le gustaba. Pero mantenía el intelecto activo, en búsqueda constante. En mi caso personal, me basta abstraerme. Tomar un lápiz y mirar alrededor. Describo lo que veo, aunque no tenga ninguna importancia ulterior. Dibujo garabatos. Trato de desencadenar recuerdos, secuencias oníricas, encadenarlos, compararlos. Y esperar cuando hace falta.

3. ¿Qué temas o inquietudes aparecen con mayor frecuencia en tu trabajo artístico?

En lo formal, siempre me ha obsesionado el tema del narratario: ¿para quién se narra y con qué finalidad? Eso me ha conducido a investigar sobre la verosimilitud, esos elementos que anclan un relato ficticio a lo posible: ¿qué es eso que no ha sucedido hasta ahora pero que podría suceder? ¿O qué es eso que nunca sucedió pero que pudo haber sucedido? Creo que los artistas comparten con los físicos esa urgencia (tan lúdica e infantil) por imaginar multiversos alternativos, simultáneos, paralelos, improbables…

En la parte del contenido tal vez sea más complejo. Decía San Agustín “hombre soy, y nada de lo humano me es ajeno”, de modo que cualquier idea o vivencia mía o de otros me llama la atención. Sin embargo, procuro escoger: busco aquello que pueda tener un peso significativo y mostrar como la condición humana es capaz de superarse a si misma, de elevarse por encima de sus limitaciones. Por eso me atrae mucho el tema del hallazgo vital, del encuentro personal con la esencia: nirvana, catarsis, iluminación… el nombre es lo de menos.

Específicamente en la poesía, me interpela todo lo anterior, y también el juego con el lenguaje, la pirotecnia verbal. No se trata de ser innecesariamente complejo o hermético, porque difícilmente el puro retruécano haga arte. Se trata, en cambio, de la capacidad del lenguaje de representar las piruetas del pensamiento. Pongo un ejemplo. Siempre me ha fascinado un verso de Soda Stereo: “y yo desperté queriendo soñarla”. Esa sola frase, con su aparente simpleza, es demoledora, profunda, poderosa, retadora. Hay que tener un gran conocimiento del lenguaje para poder usarlo como medio para camuflar una simultaneidad de realidades que pueden convivir sin contradecirse.

4. ¿Qué buscas expresar o explorar a través de tus obras?

Una vez a Borges le preguntaron para qué sirve la poesía, y no supo qué responder. En cambio, Paul Auster ha explicado la situación con una lucidez pasmosa. Por eso coincido con él. El lenguaje, todo él (y en allí incluyo las artes de la palabra) tienen una única función que es comunicar. ¿Comunicar qué? Todo lo que se pueda pensar o sentir. Cualquier artista busca expresar su propia identidad, su individualidad, su esencia, eso que nos hace únicos en el mundo. No por otra causa, quien sea que haya pintado las cuevas de Altamira, se apoyó en el muro que le servía de lienzo y tiñó todo el sitio con pigmento rojizo: quería crear un negativo de su mano porque estaba consciente de su individualidad. Quería decir “Esto lo hice yo. Nadie más, fui yo. Y quiero que quienquiera que vea esto, sepa que fui yo”. De manera que el acto creativo, aunque es solitario en su génesis, termina siendo también un acto de auto afirmación. Pero una persona no esta sola en el mundo. De manera que al expresarse a sí mismo, el artista también describe. El escritor se convierte en una referencia, la muestra de un grupo, un arquetipo. De un modo o de otro, un escritor es testimonio de su tiempo y de una sociedad que existió en algún momento dado, con sus costumbres, sus triunfos y sus vicios.

Obviamente, yo no escapo a eso. Por eso, busco explorar mi propia interioridad y las relaciones entre ella y el mundo en el que me ha tocado vivir. 

5. ¿Cómo dialoga tu obra con el contexto cultural o personal en el que creas?

Continuando con lo de la pregunta anterior, digo que ningún artista puede vivir en eso que llaman “torre de marfil”. Y si puede, no debe. Si bien es cierto que el arte (y de un modo especial la poesía) nace de la interioridad y de lo subjetivo del hombre, también hay que recordar que uno vive en sociedad y que su contexto no le es ajeno, por misántropo que sea.

Vallejo lo dijo magistralmente en un texto que comienza diciendo “un hombre pasa con un pan al hombro” No se trata de hacer proselitismo, ni de usar el arte para pontificar una ideología. Lo que se haga con esa finalidad no será arte, sino panfleto. Pero si es imprescindible entender la creación como una oportunidad inmejorable para dejar un testimonio de una época tiempo, de la sociedad que engendró ese arte y de la huella que las circunstancias dejaron en los individuos que las vivieron.

Por ejemplo, en este momento, en el que Venezuela pasa por un momento critico y muchos hemos tenido que salir del país, se ha constituido la llamada literatura de la diáspora. Multitud de artistas, desde su espacio y su estilo, han dado testimonio de una realidad que nos abarca a todos de manera diferente, pero que tiene un origen común.

De modo que el arte se convierte en un a tribuna desde la cual se puede, no tanto pontificar, pero si describir para dejar una constancia de lo que alguna vez ha sido el mundo. Sin el artista, las generaciones futuras difícilmente tendrían acceso a esa ventana hacia un pasado quizá no tan remoto y que pudiera tener las mas insólitas ramificaciones.

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Alberto Quero (Venezuela)

Alberto Quero nació en Maracaibo, Venezuela. Es narrador y poeta, Licenciado en Letras, Magíster en Literatura Venezolana y Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad del Zulia. Su trayectoria comprende tanto la creación literaria como la investigación en semiótica y narratología, y ha desarrollado también una amplia labor docente y de difusión cultural. Es autor de los libros de narrativa Dorso, Esfera, Fogaje, Giroscopio, Aeromancia y Borde, así como de los poemarios Los que vinieron y Del azar y otras nimiedades. Su obra ha recibido diversos reconocimientos nacionales y ha sido incluida en antologías de poesía y cuento.

En su escritura convergen la narrativa y la poesía como espacios para explorar las posibilidades del lenguaje, la imaginación y la condición humana. Su interés por la verosimilitud y por los mundos posibles lo lleva a indagar en aquello que pudo haber sucedido, mientras que su poesía encuentra en el lenguaje un medio para representar las complejidades del pensamiento y la experiencia. Para Quero, la literatura es también una forma de testimonio: un ejercicio de exploración de la propia interioridad que, al mismo tiempo, registra las circunstancias culturales y sociales de una época.

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