
((Texto inspirado en la atmósfera sonora y emocional del álbum 13 de Blur, explorando el estado de despersonalización, intensidad emocional y transformación personal))
¿Recuerdas lo que te acabo de decir? Confieso que yo no… ¿Quién fui hace apenas un instante?
No quiero llegar tarde al viaje. Camino al lado de la gran escalinata que conduce a la entrada de una plaza comercial. Individuos fumadores se dispersan a lo largo de la banqueta, hasta la parada. Espero en un rincón expuesto al sol sentado en la jardinera, con los pies balanceándose lejos del suelo, marcando distancia del resto. Aún no me siento listo para acercarme a los simios de mi especie.
Estoy nervioso. A veces me cuesta creer que tomo las decisiones correctas, pero cuando se acerca la unidad de mi ruta, alzo la mano, doy un salto y abordo. “Buenos días”, digo, caminando encorvado con mi cuero cabelludo rozando a milímetros del techo de aluminio.
Distraído, elijo un asiento de cuero negro. Al sentarme, he barajeado las cartas de los próximos acontecimientos: mi destino ha sido sellado.
Para ser aceptado, basta con pasar ocho pesos a un desconocido que se encargará de rolarlo hasta el chofer. Entonces el tiempo, para todos los presentes, parece volverse uno solo: convivimos en una paz momentánea, durante ese breve lapso cedemos todo control.
Me siento libre en verdad he olvidado a todos los que conocí; sus rostros me resultan tan extraños como los de los pasajeros, cuyas mentes —distantes— nunca podrán herirme.
Escucho lo que realmente importa. Mi ruido mental se aquieta. Dentro de este transporte público, que termino sustituyendo a uno mucho mejor con aire acondicionado y más grande que había antes —el llamado Conejobús—, comprobando mi teoría de que los tiempos modernos están llenos de decadencia.
Disfruto los corridos tumbados de la radio como silencio budista.
Afuera, todo se ve pequeño.
Solo aquí no me siento débil.
Tengo ideas. Atiendo a la belleza, a la náusea y al peligro que me rodean. No lo negaré: veo a esta combi entera está rodeada de llamas, que todos nosotros ardemos con ella. No siento miedo. Pero por un momento quiero sentirme real, quiero ver las cosas tal como son.
Como pasajeros de una vida, somos un frágil manto de vulnerabilidades que se sostiene a sí mismo para evitar el desastre. Solo en estos instantes los pasajeros saben lo que quieren —me refiero al lugar dónde bajarán— y lo obtendrán.
Lo sé, lo sé: podré ser un inútil. Pero cuando estoy en movimiento, entiendo lo justo, y mi locura deja de asustarme. No deambulo afuera, como es habitual; mi energía está dentro. solo aquí soy un afortunado: no tengo que fingir.
Sin embargo, este transporte es un foco de infección sociológica. Si permanezco más tiempo del debido, las voces de otros comenzarán a habitarme; sus perspectivas se volverán mías. Espero no ser el único que sufra de esto, y que para ellos se sienta igual: tarde o temprano nos enredaremos en agonía ansiando lo que otros tienen.
He de confesar que, por culpa de mis vicios, estoy catatónico, muerto y más vivo que nunca al mismo tiempo. Quizá, sin darme cuenta, he sido víctima de un hechizo
Por unos instantes, me siento parte del mundo.
Aunque la combi esté en llamas, mi tristeza se vuelve lejana cuando denuncio, con claridad, lo real en la calma con la que me quemo. Disfrutaré este último viaje antes de perder la cordura —o todo aquello que soy.
Abandonaré el amor antes de que deje de funcionar.
Me despido de todas las combis, y de Tuxtla también. Quizá nunca volvamos a vernos. Esto es crecer. Esto es lo que anhelé. Esto es ganar.
Hace poco regalé todas mis cosas. Ahora cargo una mochila con lo esencial.
Por fortuna, un sobresalto me despierta del trance. Toco el timbre en el momento preciso. La combi frena y una puerta se desliza con dificultad. Casi caigo en la calle, como arrojado por una patada metafórica y camino hacia el estacionamiento abierto de otra plaza comercial.
Ahí hay un campamento de migrantes, una fila de casas de campaña erguidas entre charcos de lodo.
Hice amistad con un grupo de centroamericanos. Acordamos vernos hoy para partir en caravana, iré a donde ellos decidan.
No quiero llegar tarde a mi destino.



