A Flore, Marco y el padre Gumaro.
A propósito de la celebración de los 450 años de la primera biblia impresa masivamente en español, esta aportación ofrece una versión libre del texto sagrado, elaborada no a partir de ninguna versión española moderna, sino de la lectura crítica, puntual, de diversas traducciones publicadas a lo largo de la historia de la biblia, durante los siglos XIV al XX. Integra una especie de revisión popular, profana, más acorde con las sensibilidades religiosas del pensamiento contemporáneo. Se complementa con algunos “antecedentes” sobre la historia de las ediciones de la biblia y una “explicación” sobre los motivos e intenciones originales de la revisión.
Palabras claves
Biblia, biblistas, El Cantar de los Cantares, erotismo, poemas amorosos, vulgata latina.
[Antecedentes] Durante los primeros siglos de la Iglesia católica, los textos del antiguo testamento fueron traducidos del hebreo, lengua semítica antigua de los judíos: el Talmud, la Torá, los libros de los profetas y algunos de los llamados “libros hagiográficos”. Muchos de ellos se trasladaron del hebreo al griego, y de ahí a la antigua primera versión de la biblia latina. Con el tiempo, con base en ello, los textos griegos originales del nuevo testamento, se incorporan. Lo mismo que algunos fragmentos en arameo de las sagradas escrituras judaicas, hasta que el cristianismo define su primera biblia institucional: la Vulgata Latina o simplemente La Vulgata.
Es a esta versión a donde el antiguo testamento en hebreo es trasladado por san Jerónimo, uno de los Padres de la Iglesia, a finales del siglo IV; luego de los primeros concilios, tras ser resueltas las disputas respecto de si el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés eran en verdad palabra divina.
Por esta razón, desde la invención del cristianismo como religión, y durante los primeros cuatro siglos de su historia, los poemas del Cantar de los Cantares fueron asociados al temor y a la sospecha. Incluso se les calificó de apócrifos. No podían aceptar tan fácilmente los padres fundadores de la iglesia —primeros teólogos y biblistas de la institución— que, en este texto, Dios hablara explícitamente de cuestiones tan banales como el amor, y menos sobre el amor de personas que se desean: los sentimientos que este valor entraña en quienes lo profesan, su dimensión intrínsecamente física y erótica, y la experiencia de quienes padecen el amor pasional, o la aflicción y desdicha de los enamorados distantes.
No se explicaban cómo, algunas estrofas del Cantar de los Cantares fueran evidentemente sensuales en el tratamiento del lenguaje relacionado con la descripción de los cuerpos de los amantes y hasta de los espacios en donde se expresaban amor. Cantos propiamente pasionales, poesía a ratos erótica, francamente amatoria hasta el final.
Y es que, de acuerdo con la moderna arqueología de las civilizaciones primeras y las culturas del Oriente Medio, el origen del Cantar de los Cantares debe rastrearse en el culto amatorio y sensual a las divinidades Dumuzi e Innana, de origen sumerio, e Istar o Astarté, de ascendencia babilonia, ambas, diosas de la fertilidad y del amor en las regiones de Judea y Canaán, antes de Moisés y de la Ley Mosaica.
De acuerdo con estas tradiciones, eran efectuados ritos matrimoniales hierogámicos, sacerdotales, en donde el rey, sustituto del dios, representaba estas escenas, incorporando a algunas mujeres, de modo que, entre los cananeos, por ejemplo, se habría conservado un ritual parecido dentro del culto a Yahvé. De donde se deduce que el Cantar, podría haberse constituido a partir de alguna recopilación o síntesis expurgada y recreada de esa liturgia de fecundidad.
La mayor parte de las biblias consultadas[1], veladamente sugieren dudas respecto de la autoría del Cantar. Es imposible que en este conjunto de poemas haya un solo autor, e improbable que el Rey Salomón lo haya redactado. Su nombre es tan sólo un puñado de referencias dentro del texto (3: 07, 3: 09, 3: 11 y 8: 12), además de que vivió a mediados del siglo décimo aNE, mientras que el texto fue elaborado durante el siglo tercero. Tal como se lee en la entrada Cantar de los Cantares de Wikipedia: “El autor hubo de ser alguien letrado, provisto de una fuerte experiencia espiritual y escribió con toda probabilidad en el siglo III, bajo la dominación egipcia”[2].
Incluso las biblias más modernas y abiertas a la reflexión laica van en camino de la aceptación de estas hipótesis. La Biblia de Jerusalén, por ejemplo, acepta que
los judíos del siglo uno [aNE] cantaban el Cantar en las fiestas profanas de matrimonio y siguieron haciéndolo a pesar de la prohibición lanzada por el Rabbí Aquiba […de modo que] se puede buscar el origen del Cantar en las fiestas que acompañaban a la celebración del matrimonio […] y se han establecido comparaciones útiles con las ceremonias y los cantos de las bodas de los árabes de Siria y Palestina.
Aunque agrega: “pero el Cantar no es una colección de cantos populares”[3].
La Biblia Latinoamericana reconoce que
“muchos biblistas, al ver los puntos de contacto entre el Cantar y los versos de amor de Oriente Medio, piensan que es del mismo tenor y que solamente en una época posterior se quiso ver en él la imagen del amor de Dios por su pueblo. Bien es cierto que el vocabulario del Cantar y las imágenes que utiliza poseen una historia antiquísima. [Aunque] si se descompone el Cantar en pequeños fragmentos, y luego se compara cada uno de ellos con tal o cual fragmento de poesía egipcia —que rara vez pasa del erotismo—, los fragmentos no encajan entre sí y el poema queda vacío de sentido”[4].
Del modo como fuese, lo cierto es que el Cantar de los Cantares ya existía, antes de la existencia formal de la biblia, y fue incorporado, por primera vez, a su versión latina, la Vulgata.

Durante todo el medioevo, esa biblia se reprodujo sin cambios, siempre al ritmo que imponía el trabajo rudimentario de los copistas, siempre herramienta de la jerarquía eclesiástica, las órdenes monásticas y algunos clérigos seculares. Imposible de divulgar, tanto por aquellas limitaciones técnicas, como por el analfabetismo del vulgo. Y, salvo los estudiosos, los que continuaron con el análisis y la exégesis bíblica en los monasterios y academias, los religiosos en general, monjes y doctrineros —cuando se les daba bien comprender el latín—, o bien se apropiaban del Cantar de modo casi profano, para su delectación y consuelo personal o, como se reconoce desde la iglesia: “pasaban sin problemas por encima de las expresiones del amor sensual e iban directamente a lo que había, en la partida, una experiencia espiritual”[5].
Los problemas vinieron después. Cuando a querer o no querer, la biblia fue traducida a las lenguas de la antigua Europa, entre ellas al romance[6], y entonces tendría que hacerse explícito el contenido del Cantar e incluso divulgarse, como se intuyó desde mediados del siglo XV, a partir de la primera biblia impresa con base en tipos móviles. No obstante, la jerarquía eclesiástica se previno. En la versión castellana más antigua que tenemos a la mano, por ejemplo (Biblia del Oso, 1569), se advierte en su introducción que, el Cantar de los Cantares sería leído y debía interpretarse, única y exclusivamente como:
un perpetuo diálogo entre la Iglesia cristiana y su esposo Christo, en que ella, con palabras llenas de afectuosísimo amor, declara la grandeza, dignidad y hermosura de su Esposo, y los bienes y riquezas de limpieza y enseñamiento divino que de él tiene; y él ansi mismo, con palabras no menos afectuosas, canta el origen, gracias, partes y particularidades de la Esposa; lo uno y lo otro por alegorías y semejanzas de cosas al primer parecer unas absurdas, otras poco honestas; más en la verdad tales y tan propias que el que con espíritu de Dios entendiere sobre qué condición de la figura se asienta la semejanza de lo figurado, verá en ellas pintada al vivo toda la naturaleza, ingenio y suerte del Reino de Christo[7].
No conforme con ello, al inicio de cada uno de sus ocho pequeños capítulos, como en el caso de la traducción de Cipriano de Valera, el censor oficial indica la interpretación que el cristiano debe asumir para la comprensión del texto. De modo que, por ejemplo, ante el primer capítulo del Cantar —en donde ella pregunta a su amante dónde lo puede encontrar y le pide regocijarse en sus caricias, sugiere que la bese, pues “mejores son [sus] amores que el vino” y ambos, mutuamente, se dicen cuán hermosos son— la indicación que da para su interpretación es la siguiente: que “la Iglesia, siendo arrebatada en admiración del amor con que su esposo Cristo la ama, demanda ser más y más unida con él, y el esposo declara cuan hermosa y graciosa sea su esposa y así él y ella se alegran con este su desposorio espiritual”[8].
Desde nuestros ojos podría parecer obsoleto, pues se trata de un texto de mediados del siglo XVI dNE. Sin embargo, el discurso de la iglesia católica se mantiene a lo largo de los siglos. Baste un ejemplo: que la Biblia de Montaner y Simón de 1961[9], aconseja leer El Cantar, asumiendo que “bajo la alegoría de amores humanos se celebra el amor mutuo entre Dios y su pueblo, entre Dios y el alma fiel”, y advierte que “solo el moderno racionalismo naturalista ha intentado despojar a nuestro[10]libro de aquella divina aureola, reduciéndolo a puro eco de amores profanos”, y prosigue:
“será fácil continuar su desarrollo en escenas dialogadas, y descubrir ‘bajo el velo de los extraños versos’ el puro y sublime significado de la cálida y alegre poesía […aunque] el lenguaje empero siempre es tan elevado, tan noble, que no tiene nunca nada de sensual, y no puede ofender sino a las almas ya corrompidas”.
Finalmente insiste: “con […] disposición de ánimo, con pureza de afectos y de intención, debe el cristiano ponerse a leer este libro…”.
Con cuánta razón entonces, la iglesia intolerante, la del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, persigue a sangre y fuego toda traducción que se aleja de las autorizadas por ella. Razón por lo que fueron acusados de herejes y perseguidos como delincuentes, los intelectuales que pretendiendo abrevar en las fuentes originales de la biblia, intentaron revisar los textos más antiguos en hebreo y griego. Como le pasa a Fray Luis de León (1527-1591), teólogo, prestigiado latinista y hebraísta salmantino, quien es llevado a las cárceles por haber traducido al español y a su libre albedrío el Cantar de los Cantares[11], definiéndolo como una “égloga pastoril”, incluyendo en el documento su propio estudio de interpretación y pragmática.
Entre las diez acusaciones que presentó el fiscal contra el fraile agustino el cinco de mayo de 1572, la número seis establece que: ‘el dicho fray Luis de León ha dicho y afirmado que los Cantares de Salomón eran carmen amatorium ad suam uxorem [poema de amores a su esposa], y profanando los dichos Cantares, los tradujo en lengua vulgar, y están y andan en poder de muchas personas’ [por lo que] el delito que el fiscal percibe en relación con esta obra es doble: no sólo haberla traducido al vulgar, sino […] haberla interpretado de […] manera que cuestionaba la tradición.[12]
Sólo cuatro años, sin embargo, Fray Luis de León es mantenido en prisión, merced a sus propios argumentos que lo devuelven a la Universidad y a su convento, aunque es precisa su retractación y la eliminación de los ejemplares conocidos en su tiempo. No obstante, pasa a la posteridad su traducción y estudio de los poemas bíblicos. Ahí en donde explica que se veían
“pintados al vivo los amorosos fuegos de los demás amantes, los encendidos deseos, los perpetuos cuidados, las recias congojas que la ausencia [sic] y el temor en ellos causan, juntamente en los celos y sospechas que entre ellos se mueven. [Y además] se oye el sonido de los ardientes suspiros, mensajeros del corazón, y de las amorosas quejas y dulces razonamientos, que unas veces van vestidos de esperanza, otras de temor, otras de tristeza o alegría; y, en breve, todos aquellos sentimientos que los apasionados amantes probar suelen…”[13].
[Explicación] Así que, partiendo de estos antecedentes, y de nuestra vieja inclinación por la lectura de la biblia, en donde encontrábamos historias, narraciones fantásticas, geografías desconocidas, poemas, refranes y consejos —como en los libros sapienciales—, nos dio por revisar, en primer lugar, nuestra ajada Nacar Colunga[14], la que conservamos desde el setenta y dos, del siglo pasado, cuando iniciamos el Seminario, y luego la que años más tarde alguno de nuestros parientes nos obsequia: la Latinoamericana.
Nuestra intención inicial fue confrontar la traducción del Cantar en ambas, de donde resulta lo que intuíamos: que todos los versos eran diferentes, tanto en su composición como en la naturaleza de sus palabras. Que era evidente el sesgo de las traslaciones, las sensibilidades e intenciones distintas del traductor, expresadas verso a verso; si bien su homogeneidad literaria se mantenía, al igual que el hilo de la narración.
Mientras que, en la Latinoamericana, la amada implora (2: 05): “Pásenme pasteles de pasas./ Reanímenme con manzanas,/ porque estoy enferma de amor”, en la Nácar Colunga expresa: “Confortadme con pasas,/ reanimadme con manzanas,/ que desfallezco de amor”. E igual ocurre en 4: 09, pues mientras que en la primera el varón dice: “Me robaste el corazón,/ hermana mía, novia mía,/ me robaste el corazón/ con una sola mirada tuya,/ con una sola de las perlas de tu collar”, en la otra solo indica: “Prendiste mi corazón, hermana, esposa;/ prendiste mi corazón en una de tus miradas,/ en una de las perlas de tu collar”. Y en el caso de 5: 10, en la primera, la mujer canta “mi amado es vigoroso y buen mozo,/ distinguido entre mil”, mientras que, en la segunda, apenas balbucea: “mi amado es fresco y colorado, / se distingue entre millares”.
Nos vamos a la búsqueda de otras versiones entonces, a cuál más sobrias, cautelosas y hasta confusas, como la de Cipriano de Valera, en donde se lee (1: 02): “Si me besase con ósculos de su boca:/ porque mejores son tus amores que el vino”, cuando en verdad la amada pide a su compañero: “¡Oh, si me besaras con besos de tu boca!/ Porque mejores son tus amores que el vino”; o como en la Medieval Romanceada, en donde se cita (1: 04): “Metiome el rey en sus cilleros./ Alegrarme he e gozaré contigo,/ oleré tus amistades más que el vino”, cuando el texto más apropiado al tema y al ámbito de la cuestión sería: “Llévame, oh rey, a tu habitación./ Para que nos alegremos y regocijemos,/ y celebremos, no el vino, sino tus caricias”, aunque versiones más modernas como la de Montaner y Simón insisten en traducciones imperfectas, como en este caso, en donde se lee: “Ojalá me introduzca el rey a sus cámaras…”.
Así, al revisar una y otra versión, incluso la llamada Biblia Guadalupana[15], sobradamente mesurada, y el “Antiguo Testamento Oshogulaab”[16] de tradición oriental, fuimos descubriendo esa intención evidente de esconder, matizar e incluso modificar el significado original de los poemas. Utilizando con frecuencia un lenguaje velado, eufemismos y sinónimos imprecisos, a veces ambiguos en el caso de locuciones pronominales y adjetivas: expresiones que entran en contradicción con el espectro de la trama del Cantar en su conjunto, y dificultan su lectura y comprensión.

Obviamente, la reticencia a facilitar la transparencia de los poemas y a usar lo que se intuye como el lenguaje directo original, afecta la sonoridad de los poemas y el encanto natural de la poesía contenida en ellos. A grado tal que la mayor parte de las versiones eluden el ritmo y la cadencia de la rima, el canto, la sensibilidad, la imaginación. No son capaces de usar las voces “amada” y “querida”, elementales en el lenguaje del amor, y nos confunden una y otra vez con “hermana”, “novia” y “esposa”. A los besos, exquisitos, e incluso divinos, llaman “ósculos”, y en ocasiones traducen “protuberancias” en vez de senos.
En fin. Viendo todo esto, y estimulados por la posibilidad de contar con una versión propia, de uso personal y para los amigos, tomamos como base las versiones revisadas[17] —pues ahí en donde una calla y otra obscurece el texto, alguna más, da luces o intuye mejor el sentido de la expresión— y nos disponemos a recrear el Cantar, a reescribirlo sin prejuicios religiosos (y creemos que de ningún otro tipo), ni deudas pendientes con moral ninguna. Respetamos en absoluto la integración tradicional del texto, en capítulos y versos, agregando tan solo, entre corchetes, el personaje que en cada caso toma la palabra; conservamos su anclaje histórico, sus referentes ambientales y geográficos, pero, sobre todo: se mantiene su unidad, la intención amorosa de sus originales autores y la trama que una y otra vez reinventa el mundo de las palabras con las que estos amantes en su propia sensualidad se embriagan.
Va pues, nuestra propia versión del Cantar de los Cantares.
[Ella dice]
1: 02-03 ¡Oh, sí me besaras con besos de tu boca!
Porque mejores son tus amores que el vino.
A más del olor de tus suaves perfumes,
y tu nombre ¡Bálsamo derramado!
Por eso las doncellas te aman.
1: 04 ¡Llévame! Corramos tras de ti.
Llévame, oh rey, a tu habitación.
Para que nos alegremos y regocijemos,
y celebremos, no el vino, sino tus caricias.
Con razón te aman.
1: 05 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero envidiable,
como las carpas de Quedar,
como las cortinas de Salem.
No se fijen en que soy morena;
el sol vio mi rostro y cambió mi color.
1: 06 Los hijos de mi madre se enojaron contra mí;
me pusieron a guardar las viñas,
y la viña que era mía no guardé.
1: 07 Dime amado de mi alma,
¿A dónde llevas a pastar tu rebaño?
¿Dónde lo llevas a descansar a medio día,
para que no ande como vagabundo,
entre los rebaños de tus compañeros?
[Canta el coro]
1: 08 ¡Oh, la más bella de las mujeres!
Si no sabes esta razón, y quieres,
sigue las huellas de las ovejas,
y lleva tus cabritas a pastar
junto a las tiendas de los pastores.
[Dice él]
1: 09-11 A la yegua de los carros del Faraón
te he comparado, amada mía.
Hermosas son tus mejillas entre los pendientes,
y tu cuello entre los collares.
Zarcillos de oro te haremos,
esmaltados de plata.
[Ella dice]
1: 12-14 Mientras el rey descansaba
percibía el olor de sus perfumes.
Mi amado es bolsita de mirra,
cuando reposa entre mis pechos.
Mi amado es racimo de glicina,
en las viñas de Egandí.
[Dice él]
1: 15 ¡Oh, mi amor! ¡Qué bella eres!
¡Qué bella eres con tus ojos de paloma!
[Ella dice]
1: 16-17 Amado mío ¡Qué hermoso eres! ¡Qué rico!
Nuestro lecho es sólo verdor.
Las vigas de nuestra casa, de cedro,
y su techo de ciprés.

[Dice él]
2: 01-02 Yo soy el narciso de Sarón,
y el lirio de los valles.
Como el lirio entre los cardos,
así es mi amada entre las doncellas.
[Ella dice]
2: 03 Como el manzano entre los arbustos,
así es mi amado entre los jóvenes.
Estoy sentada a su sombra cariñosa
y su fruto me es dulce al paladar.
2: 04-05 Me llevó a la casa del banquete:
su bandera sobre mí fue de amor.
Pásenme vasos de vino,
reanímenme con manzanas,
porque estoy enferma de amor.
2: 06 Su izquierda se desliza bajo mi cabeza,
y su derecha me abraza.
2: 07 Hijas de Jerusalén, yo les ruego,
por las ciervas y gacelas del campo:
no despierten ni molesten al amor,
déjenlo hasta que quiera.
2: 08-10 ¡La voz de mi hombre!
Miren cómo viene a saltos por el monte,
brincando, mi amado, por los cerros.
Como una gacela, como un cabrito.
Ahora se detiene tras la cerca
y se pone a mirar por las ventanas,
atisbando por las celosías.
Mi amado habló, y me dijo:
[Dice él]
Levántate, compañera, hermosa mía, y ven.
2: 11-12 Porque acaba de pasar el invierno,
se ha mudado y la lluvia se fue;
se han mostrado las flores en el valle,
el tiempo de la canción llegó.
Se oye el arrullo de la tórtola en el campo.
2: 13-14 La higuera ha echado sus higos,
las viñas nuevas exhalan su olor.
Levántate, compañera, amada mía, y ven.
Paloma que te escondes en las grietas de las peñas,
en lo escondido de los riscos escarpados.
Muéstrame tu rostro.
Déjame escuchar tu voz.
Porque tu voz es dulce,
dulce y amorosa tu faz.
[Ella dice]
2: 15-16 ¡Que cacen a los zorros!
Dañinos zorritos que destrozan las viñas,
pues las nuestras se encuentran en flor.
Mi amado es para mí y yo para él.
2:17 Él apacienta sus ganados entre lirios,
desde que apunta el día y huyen las sombras.
Ven, regresa amado mío,
como la gacela o el ciervo
sobre los montes de Bethel.
3: 01-02 Por las noches busqué en mi lecho
a quien ama mi corazón.
Lo busqué, pero no lo encontré.
Me levantaré entonces,
y recorreré la ciudad.
Por las calles y las plazas
buscaré a mi amado corazón.
Lo busqué pero fue imposible.
3: 03-04 Me encontraron los centinelas,
los que andan de ronda por la ciudad.
“¿Han visto a mi amado?”, les dije.
Y apenas los había dejado
cuando encontré a mi amor.
Lo abracé y ya no lo solté más,
hasta que lo introduje en casa de mi madre,
en la pieza donde me dio a luz.
3: 05 Hijas de Jerusalén, yo les ruego,
por las ciervas y gacelas del campo:
no despierten ni molesten al amor,
déjenlo hasta que quiera.
[Canta el coro]
3: 06 ¿Qué es esto que sube del desierto
como columna de humo,
perfumado de incienso y mirra,
y todos los polvos de olor?
3: 07-08 Es la litera de Salomón;
sesenta valientes la rodean,
de los fuertes de Israel.
Todos muy buenos con la espada,
diestros para la guerra y el honor.
Cada uno lleva su espada al cinto,
para que de noche, nadie los sorprenda.
3: 09-10 El rey Salomón se hizo una litera;
toda de madera del Líbano.
Le hizo columnas de plata,
descansabrazos de oro,
el asiento de púrpura,
e incrustado de ébano su interior.
3: 11 Salgan hijas de Sion, y vean a Salomón.
Con la corona con que le ciñó su madre,
el día de sus bodas,
el día de gozo de su corazón.
[Dice él]
4: 01 ¡Qué bella eres amada mía!
¡Qué bella eres!
Ojos como palomas escondidas en tu velo,
tus cabellos el rebaño de cabras
que ondulan por las pendientes de Galaad.
4: 02 Tus dientes son ovejas esquiladas,
las que suben del bañadero.
Todas con crías gemelas,
ninguna estéril y mucho menos huraña.
4: 03-04 Tus labios son como hilo de grana,
y tu hablar es encantador.
Tus mejillas son medias granadas
y tu cuello, torre de David,
levantada para colgar mil escudos,
escudos de valientes, para dominar.
4: 05 Tus pechos son cervatillos de gracia,
mellizos de gacela,
que apacientan entre lirios.
4: 06 Cuando apunte el día y huyan las sombras,
me iré al monte de la mirra,
y a la montaña del incienso.
4: 07-08 Eres toda hermosa, amada mía,
irreprochable y sin mancha.
Ven conmigo compañera,
ven conmigo desde el Líbano,
deja las alturas del Amana,
las cumbres del Samir y del Hermón:
guarida de leopardos y leones.
4: 09-10 Prendiste mi alma, hermosa, amada mía;
me robaste el corazón.
Tan solo con tu mirada,
con una de las perlas de tu collar.
¡Qué amorosas son tus caricias, hermosa, compañera mía!
¡Cuánto mejores que el vino tus amores,
y el olor de tus perfumes
que todas las especias de olor!
4: 11-12 Los labios de mi amada destilan pura miel;
miel y leche hay debajo de su lengua,
y la fragancia de sus vestidos, bosques del Líbano.
Un jardín cercado es mi amada,
mi querida, huerto cerrado,
manantial que guardo con estima.
4: 13-15 Tus renuevos son un vergel de granadas,
de flores de alheña y nardos,
clavo de olor y azafrán,
sándalo, canela y aromas,
árboles de incienso, mirra y áloe.
Todos los mejores perfumes.
Fuente de los jardines,
manantial de aguas vivas,
corrientes que bajan del Líbano.
[Ella dice]
4: 16 Soplen, vientos del Norte y del desierto;
soplen en mi vergel, despréndanse sus aromas,
y así, entre mi amado a su huerto
y coma de sus frutos exquisitos.
[Dice él]
5: 01 Ya estoy en tu huerto, compañera, amada mía;
he recogido la mirra y los aromas;
he comido la miel del panal,
el vino y la leche he bebido.
Coman, amigos. Beban todo y embriáguense.
[Ella dice]
5: 02-03 Yo dormía, pero mi corazón velaba.
Oí la voz de mi hombre; él me llamaba:
“Ábreme hermanita, amada mía,
mi paloma, mujer preciosa;
pues mi cabeza está cubierta de rocío,
y mis cabellos, de la humedad de la noche”.
Pero estoy desnuda. ¿He de vestirme ahora?
Lavé mis pies. ¿Me los ensuciaré de nuevo?
5: 04-05 Mi amado metió su mano por la cerradura,
¡Cómo se me estremeció el corazón!
Me levanté para abrir a mi prenda,
mis manos destilaban mirra,
sobre el pestillo de la cerradura:
resina de olor por entre mis dedos.
5: 06-07 Yo abrí a mi amado,
pero se había ido, se había marchado.
Y tras su voz se fue mi alma.
Lo busqué y no lo hallé;
lo llamé y no me respondió.
Me encontraron los centinelas de la ciudad,
los guardias me golpearon e hirieron.
Me quitaron el manto de encima,
esos que rondan por la ciudad.
5: 08 Hijas de Jerusalén, yo les ruego,
por si encuentran a mi amado…
Díganle que me estoy muriendo,
porque estoy enferma de amor.
[Canta el coro]
5: 09 ¿Qué distingue a tu amado de los otros,
tú, la más bella de las mujeres?
¿Qué distingue a tu hombre de los otros,
para que así nos ruegues?
[Ella dice]
5: 10-12 Mi amado es vigoroso y rubio,
distinguido entre mil.
Su cabeza brilla como el oro puro;
sus cabellos rizados, son hojas de palma,
y negros como el cuervo obscuro.
Sus ojos, son palomas
junto a las fuentes del agua,
se bañan en leche, alineados a perfección.
5: 13-15 Sus mejillas, viveros de aroma son,
cultivo de fragantes flores,
y sus labios, lirios que derraman mirra.
Sus manos son aros de oro
adornadas con piedras de Tarsis.
Su vientre, marfil pulido,
claro y cubierto de zafiros.
Sus piernas, son dos columnas
de mármol fundadas sobre basas de oro
y su aspecto es como el líbano,
majestuoso como los cedros.
5: 16 Su paladar es dulcísimo.
Todo lo que hay en su persona es codiciable.
Tal es mi hombre. Así es mi amado,
¡Oh, doncellas de Jerusalén!
[Canta el coro]
6: 01 ¿A dónde se fue tu amado,
tú, la más hermosa de las mujeres?
¿A dónde se dirigió tu prenda,
para que la busquemos contigo?
[Ella dice]
6: 02-03 Mi amado bajó a su huerto,
donde los campos de olorosas flores,
pastorea su rebaño en los huertos y recoge lirios.
Mi amado es para mí y yo para él.
Él apacienta entre los lirios.
[Dice él]
6: 04-05 Hermosa eres, amada mía, como Tirsa,
encantadora como Jerusalén,
imponente como ejércitos ordenados.
Aparta tus ojos porque me cautivan.
Tus cabellos son como el hato de cabras,
que ondula por las pendientes de Galaad.
6: 06-07 Tus dientes son ovejas esquiladas,
las que suben del bañadero.
Todas con crías gemelas,
ninguna estéril y mucho menos huraña.
Tus mejillas detrás de tu velo,
son las mitades de una granada escondida.
6:08-09 Las reinas son sesenta,
ochenta las concubinas,
y las doncellas sin número;
mas una es la paloma mía, la que es perfecta;
la hija única de su madre,
la preferida de quien le dio a luz.
La vieron las doncellas, la felicitan;
las reinas y concubinas la alaban.
[Canta el coro]
6: 10 ¿Quién es esta que surge como la aurora,
bella como la luna, brillante como el sol,
temible como un ejército?
[Dice él]
6: 11-12 Al huerto de los nogales descendí
para ver las flores del valle,
para ver si brotaban las vides
o si florecían los granados.
Más de pronto tuve una visión:
Me vi parado sobre los carros de Aminadab.
[Canta el coro]
7: 01 Vuelve, sulamita, vuelve;
vuelve, vuelve para contemplarte.
[Dice él]
¡Cómo te miran sulamita,
cuando entras con los coros a la danza!
7: 02-04 ¡Qué graciosas las sandalias y tus pasos!
¡Bella mujer, hija de príncipes!
El torno de tus caderas es un collar,
hecho por manos exquisitas.
Tu ombligo es una taza redonda
donde no falta el vino oloroso.
Tu vientre una pila de trigo, cercada de lirios.
Tus pechos son cervatillos de gracia,
mellizos de gacela,
y tu cuello, torre de marfil.
7: 05-06 Tus ojos son las piscinas de Jesbon
junto a la puerta de Bat Rabim.
Tu nariz es la cumbre del Líbano,
centinela que mira hacia Damasco.
Tu cabeza se yergue: es El Carmelo;
tu cabellera tiene reflejos de púrpura,
un rey se pierde en tus cabellos.
7: 07-10 ¡Qué hermosa eres! ¡Encantadora!
¡Oh, amor en tus delicias!
Tu talle parece una palmera
y sus racimos tus pechos.
Yo me dije: “subiré a la palmera;
tomaré esos manojos encantados”.
¡Sean tus tetas como racimos de vid!
¡Tu aliento, perfume de manzanas!
¡Tu paladar, el más exquisito de los vinos!
[Ella dice]
Y que entra mi amado suavemente
y hace fluir mis labios a los viejos:
7: 11-13 “Yo soy de mi hombre —les digo—,
y conmigo tiene su dicha”.
Amado mío ven, salgamos al campo,
pasemos la noche en los pueblos
y vayamos de mañana a las viñas.
Veamos si las parras han brotado,
si florecen los granados;
allí te entregaré mi amor.
7: 14 Las mandrágoras exhalan su fragancia,
y todas las frutas exquisitas a la puerta.
Son frescas y de hace tiempo;
las guardaba para ti, mi corazón.
8: 01-02 ¡Ah, si tú fueras mi hermano,
alimentado con el pecho de mi madre!
Te podría besar, al encontrarte afuera,
sin que me despreciaran.
Te llevaría a la casa de mi madre,
a la habitación en donde me concibió
y me enseñarías…
Te daría a beber vino fragante
y un licor hecho de granada.
8: 03 Su izquierda se desliza bajo mi cabeza,
y su derecha me abraza.
[Dice él]
8: 04 Hijas de Jerusalén, yo les ruego,
por las ciervas y gacelas del campo:
no despierten ni molesten al amor,
déjenla hasta que quiera.
[Canta el coro]
8: 05 ¿Quién es ésta que sube del desierto,
llena de deleites, y apoyada en su amado?
[Dice él]
Debajo del manzano te desperté,
allí mismo donde te concibió tu madre,
donde te tuvo la que te dio a luz.
8: 06 Guárdame en tu corazón
como una marca, como tu sello,
como tu joya; siempre en tu brazo.
Porque es fuerte el amor como la muerte,
y la pasión, tenaz como el infierno.
Sus flechas son dardos de fuego,
brasas encendidas, llamas vehementes.
8: 7 ¿Quién apagará el amor?
No podrán las aguas embravecidas.
Vengan los torrentes ¡No lo ahogarán!
Si alguien quisiera comprar el amor,
con todo lo que posee en su casa,
sólo conseguiría desprecio.
[Agregado[18]]
8: 08-09 Tenemos una hermana pequeña,
que no tiene pechos aún;
¿Qué haremos con esta doncella,
cuando desposarla quieran?
Si ella fuese muralla,
le construiríamos defensas de plata;
si ella fuese una puerta,
la reforzaríamos con barras de cedro.
8:10 Yo soy una muralla,
y mis pechos son como torres,
soy a tus ojos como quien ha hallado la paz.
8:11-12 Salomón tuvo una viña en Baal Amón,
la confió a sus capataces.
Cada uno entregaba mil ciclos de plata,
pago abundante por sus cosechas,
pero mi viña es sólo mía y solo la cuido yo.
Mil ciclos serán para ti, Salomón,
doscientos para los guardianes.
8:13 ¡Oh, tú que habitas en los huertos!
Los compañeros escuchan tu voz,
has que yo también la pueda oír.
Apresúrate, amado mío,
corre como el cervatillo o el corzo,
por el monte de las balsameras.
[1] Todas examinadas durante una estancia en la biblioteca de la Pontificia Universidad de Salamanca (España), durante el verano de 2009.
[2] Cantar de los Cantares en Wikipedia [en línea]. Disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/cantardeloscantares (s.f.) (28/11/2019/12:50).
[3] Biblia de Jerusalén. Nueva edición totalmente revisada y aumentada. Bilbao: Desclee de Brouwer, 1975. p. 912.
[4] La Biblia Latinoamericana. Edición revisada 2002. Madrid: San Pablo y Verbo Divino, 200244. p. 1044.
[5] Ibídem. p. 1045.
[6] De estas, la más fácilmente consultable es: Biblia Medieval Romanceada Judeo-Cristiana. Versión del Antiguo Testamento en el siglo XIV, sobre los textos hebreo y latino (Edición y estudio introductorio del P. José Llamas O.S.A.). Madrid: Instituto Francisco Suárez, 1955. Vol. II, 994 pp.
[7] La Biblia del Oso [libros proféticos y sapienciales] según la traducción de Casiodoro de Reina, publicada en Basilea (Suiza) en el año 1569 (Gonzalo Flor de Serrano, editor). Madrid: Alfaguara, 1987. p. 363.
[8] La Biblia. Que es los sacros libros del viejo y nuevo testamento. Segunda edición revifta y conferida con los textos hebreos y griegos y con diverfas tranflaciones. Por Cypriano de Valera. En Amsterdam, en casa de lorenço Iacobi. 1602. p. 605.
[9] La Sagrada Biblia de Montaner y Simón. Versión española con notas a cargo del Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Publicada con la aprobación del Excmo. y Rvdmo. Sr. Doctor D. Gregorio Modrego Casaus. Barcelona: Montaner y Simón, 1961. T.II, 615 pp.
[10] Las cursivas son nuestras.
[11] De León, Fray Luis. Cantar de Cantares de Salomón (Javier San José Lera, editor). Salamanca: Universidad de Salamanca, 2002. 162 pp.
[12] Op. Cit. p. 9.
[13] Ibídem. pp. 22-23.
[14] Nácar Fuster, Eloíno y Alberto Colunga O.P. Sagrada Biblia. Versión directa de las lenguas originales. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 197030. 1320 pp.
[15] Sagrada Biblia. Nueva Edición Guadalupana (Edición y estudio del P. Félix Torres Amat). México: s.p.i., 1998. 1472 pp.
[16] Antiguo Testamento Oshogulaab de The International Meditation Directory [en línea]. Disponible en http://www. oshogulaab.com/misticoscristiano/cantarcantares.htm (s.f.) (05/11/2019/18:30).
[17] Además de las ya citadas, las siguientes: Rogerson, John (Traducción y fotocomposición). La Biblia. Madrid: Tysa, 1992. 1453 pp.; Cantera Burgos, Francisco y Manuel Iglesias, con la colaboración de R.D. Barnett. Sagrada Biblia. Versión crítica sobre los textos hebreo, arameo y griego. Barcelona: s.p.i., 1975. 1800 pp.; La Sacra Biblia. Testo latino della Volgata e Versione Italiana di Mons. Antonio Martini. Comentata dal P. Marco M. Sales O.P., 1918. 1875 pp.; La Biblia. Traducción totalmente revisada con amplias notas e introducciones. Edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española. Madrid: La Casa de la Biblia, 1992. 1896 pp.; La Biblia. Traducción de los textos originales y comentario por los monjes de Montserrat. Versión española por Cipriano Montserrat. Madrid: s.p.i., 1940. 1346 pp.; Ausejo, Serafín de (Dirección, redacción definitiva, introducciones, notas, vocabulario y apéndices). La Biblia. Madrid: Voces Divinas, 1976. 1554 pp. y La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamentos. Antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) y colegida posteriormente con diversas traducciones, y con los textos hebreo y griego. México: Liga Bíblica Mundial del Hogar, s.f. 920 pp.
[18] De acuerdo con la mayor parte de las biblias consultadas, los últimos versos del Cantar, a partir de 8: 08 podrían haber sido añadidos más tarde, pues se observa en ellos una marcada diferencia de sentido. Son obvias sus referencias políticas; como si se indicara inconformidad con alguna decisión tomada sobre la administración del territorio hebreo de ese momento.




