Enrique Arias Beaskoetxea (España) - Cine de autor Johnny Guitar

Nicholas Ray no fue un director para los grandes estudios, sino para esas compañías secundarias (RKO, Republic Pictures, etc.) que aparentemente filmaban obras menores, entre las cuales, con una mirada atenta, pueden encontrarse obras maestras de todos los géneros cinematográficos.

1/13/2026

Mimeógrafo
#152 | Enero 2026

Cine de autor: Johnny Guitar

Enrique Arias Beaskoetxea
(España)

(Nicholas Ray, 1953)
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Cita

Nicholas Ray no fue un director para los grandes estudios, sino para esas compañías secundarias (RKO, Republic Pictures, etc.) que aparentemente filmaban obras menores, entre las cuales, con una mirada atenta, pueden encontrarse obras maestras de todos los géneros cinematográficos.

En sus primeras obras presenta a jóvenes enfrentados a un obstáculo creado por la sociedad, la costumbre, el estado de las cosas en el que no encajan y por el que tiene que pagar un gran precio para construir su camino. Pueden ser unos recién casados (They live by night, 1947), un delincuente juvenil (Knock on any door, 1948) o dos conductores en un absurdo duelo de coches (Rebelde sin causa, 1955). No se trata de inadaptados sociales, sino de individuos jóvenes que buscan su posición en el mundo.

Tras estas películas, filma una película de cine negro (In a lonely place, 1949) con la participación de Humphrey Bogart y Gloria Grahame, ambos actores habituales del género negro, pero con ese don inexplicable que hace que cuando aparecen en cámara capten la atención del espectador. Más allá de la trama amorosa y la investigación policial, la obra sirve para que Nicholas Ray critique duramente el sistema de los grandes estudios.

Johnny Guitar, rodada para Republic Pictures en 1953, es una película que rompe todas las reglas no escritas de un género tan específico como el western. Johnny Logan, antiguo nombre del pistolero a sueldo, es ahora Johnny Guitar (Sterling Hayden), un jinete que, en los títulos de crédito, observa un asalto a una diligencia con una mirada distante y sin ninguna voluntad de intervenir. Se dirige a una taberna con mesas de juego, una ruleta, un piano, pero sin ningún cliente. Se trata de un negocio levantado por una mujer, Vienna (Joan Crawford), con la esperanza de que la llegada del tren traiga el progreso y la construcción de una nueva ciudad. Cuando Johnny y Vienna se encuentran, nada hace pensar que se conocen previamente; simplemente es un músico contratado por la taberna.

Nicholas Ray filma en interiores prácticamente toda la película, lo que le permite situar a los actores en una posición casi teatral; serán los movimientos de cámara o los contraplanos los que marquen la dinámica de la obra. El escenario interior son las tres paredes de un teatro en las que sitúa a los actores creando una escenografía que remarca la esencia de cada escena. La pared del fondo muestra las rocas de la montaña sobre la que se apoya el negocio, rocas de un color rojizo muy marcado frente a la madera del resto del local.

“La película rompe su primera norma: está protagonizada por una mujer enfrentada a otra mujer, dos visiones opuestas del progreso y del orden establecido.”

Escena de presentación

«Johnny Guitar es el perfecto ejemplo de una película pequeña que alcanza el estatus de clásico. Realmente no hay otro filme parecido a éste.»

Martin Scorsese

En esta primera escena aparecen todos los participantes de la obra: primero, los ganaderos encabezados por Emma Small (Mercedes McCambridge) y el sheriff (Ward Bond) que buscan a los asaltantes de la diligencia; después, los mineros encabezados por Dancing Kid que persigue a Vienna con escaso éxito. Esta es la primera norma que rompe Nicholas Ray. La película está protagonizada por una mujer enfrentada a otra mujer. Dos visiones opuestas: una quiere el progreso de una nueva ciudad y la otra quiere mantener el status quo tradicional.

Vienna se encuentra en la primera planta cenando con uno de los inversores para la futura ciudad. Al oír el sonido de las voces, se levanta, toma su cinturón y su arma, y desciende las escaleras lentamente, vestida con pantalón y camisa negra. Al llegar al rellano, se gira y desenfunda su arma para enfrentarse con el grupo: unos la acusan directamente del asalto, mientras que el conductor de la diligencia duda al identificar a los asaltantes. Por lo tanto, no puede producirse una detención, así que todos enfundan sus armas.

Vienna, Dancing Kid y su grupo están a la izquierda de la escena, ocupando, de un extremo a otro, una larga barra de bar. Los ganaderos se sitúan a la derecha. Forman dos líneas de fuga, al final de las cuales aparece Johnny saliendo de la cocina con una taza de café en la mano. La tensión se rompe cuando Johnny pide un cigarro a un miembro de un grupo y fuego al otro, lo que desmonta el maniqueísmo —estás conmigo o contra mí—, dejando a los grupos sin argumentos al no saber si es una burla o una provocación. Vienna interviene lo mínimo para que la situación no llegue al enfrentamiento.

Además, al final de esta escena ocurre un hecho que desvela la personalidad del guitarrista cuando uno de los mineros alardea de su destreza con su arma. Rápidamente, Johnny toma un arma, dispara a la mano del pistolero —el arma cae al suelo— y, sin una pausa, vacía el cargador sobre el revólver. Este comprende que ha subestimado al guitarrista, pero la reacción enfurece a Vienna.

— Todavía tienes la locura de las armas, ¿verdad?

Para dejar claro quién manda, Vienna ordena a Johnny que guarde sus armas en las alforjas hasta que ella decida cuándo deben usarse. Posteriormente, Vienna le muestra una maqueta de la ciudad que espera construir pronto y le ofrece ser su socio, y acaso su pistolero cuando llegue el momento adecuado.

Escena del diálogo

«Nicholas Ray es el único que da la impresión –si el cine ya no existiera– de poder reinventarlo y, es más, de querer hacerlo». «Nicholas Ray es el cine»

Jean Luc Godard

Esta película contiene uno de los diálogos más memorables del cine, diálogos de culto para cinéfilos, pero con fama incomprensible para quien no se detiene a observar detenidamente la escena con la mirada y no con el oído.

Nicholas Ray plantea la escena como si fuera una escena teatral, Johnny aparece sentado en la cocina con un pie apoyado sobre la mesa, a su derecha, la ventana ‘pasaplatos’ aparece vacía. Al no poder dormir, ha decidido pasar la noche bebiendo whisky. Hay que destacar la gama de colores ocres tanto de la vestimenta de Johnny como del decorado (mesa, paredes, whisky, etc.). Vienna tampoco puede dormir. Al ver luz en la cocina, desciende la escalera y ve a Johnny a través de la ventana sin cristal que sirve de marco para Vienna vestida con gama de colores morados.

“¿A cuántos hombres has olvidado?”, pregunta Johnny.

Vienna tarda unos segundos en responder, los necesarios para entrar en la cocina: “A tantos como mujeres tú, me imagino”, le dice.

Él se levanta y se planta frente a ella: “¡No te vayas!”.

La cámara nos muestra un primer plano de la actriz que le responde con tranquilidad: “No me he movido”.

Después de este breve intercambio, continúa el mítico diálogo que consiste en unas preguntas que hace Johnny —casi una súplica de un ser vulnerable con rostro agarrotado—, mientras Vienna responde con calma, pero con semblante serio.

(Johnny) — Dime algo bonito

(Vienna) — Claro. ¿Qué deseas oír?

(Johnny) — Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años. (La cámara que ha enfocado a Johnny hasta este momento, pasa a enfocar el rostro de Vienna) . Dímelo.

(Vienna) — Todos estos años te he esperado.

(Johnny) — Y que habrías muerto si no hubiese venido.

(Vienna) — Habría muerto si tú no hubieras venido.

(Johnny) — Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.

(Vienna) — Te quiero como tú me quieres a mí. (La cámara vuelve a enfocar a Johnny)

(Johnny) — ¡Gracias!

Tras su última palabra, él toma un vaso de whisky, que está fuera de plano, y lo apura de un solo trago. Aparentemente, el diálogo ha terminado, podría ser un intercambio amoroso de frases rotundas con los rostros de los actores mostrando intensamente aquello que no está escrito, pero entonces se produce una ruptura de la atmósfera creada. Johnny apura su vaso de whisky, pero ella se lo quita de las manos y lo lanza al suelo.

En esta segunda parte del diálogo, Nicholas Ray juega con los encuadres de los protagonistas, se escuchan las palabras de ella, pero se ve el rostro de él, y viceversa.

(Vienna)— Deja ya de hacerte la víctima. ¿Crees que lo pasaste mal? Yo no encontré el local. Lo construí. ¿Cómo crees que pude hacerlo?

(Johnny) — No quiero saberlo.

(Vienna) — Pues yo sí quiero que lo sepas. Por cada tabla, tablón y viga de este local…

(Johnny) — ¡Ya tengo suficiente!

(Vienna) — ¡No, vas a escucharme!

(Johnny) — Ya te he dicho que no quiero saber más.

(Vienna) — No conseguirás callarme, Johnny. Nunca más. Antes me habría arrastrado a tus pies para estar a tu lado.

(Vienna se gira y le da la espalda, ambos rostros están en el mismo plano).

Te buscaba en cada hombre que conocía.

(Johnny) — Mira, Vienna, has dicho que has tenido una pesadilla. Los dos la hemos tenido, pero ha terminado.

(Vienna) — Para mí, no

(Johnny) — Es como hace cinco años. No ha pasado nada en este tiempo.

(Vienna) — ¡Ojalá!

(Johnny) — ¡Nada! No tienes nada que decirme porque no es real. Sólo tú y yo somos reales.

(Él la gira tomándole de los hombros para estar cara a cara. La cámara enfoca a Johnny sonriendo. La toma de la mano y salen de la cocina hacia el salón).

Tomamos una copa en el bar del Hotel Aurora. La banda está tocando. Celebramos que nos casamos. Y después de la boda, salimos del hotel y nos vamos. Así que ríe, Vienna, sé feliz. Es el día de tu boda.

(Vienna) — Te he esperado Johnny. ¿Por qué has tardado tanto?

(La cámara enfoca la espalda de él y el rostro de ella).

La escena finaliza con los dos protagonistas besándose, después se abrazan mostrando el rostro de ella que sobresale por encima del hombro de él, enseñando a una Vienna que parece haberse vaciado. Esta escena marca un punto de inflexión en la película. En la primera escena destacada se muestra a todos los protagonistas, en esta segunda escena memorable se muestra el conflicto y la tensión resuelta entre dos amantes que han permanecido separados sin hablarse durante años.

Se cierra la escena con un fundido a negro, metafórico más que cinematográfico, se traspasa con una elipsis en la que no se nos muestra lo que ocurre durante la noche, puesto que en la siguiente imagen, con luz solar, se ve a Johnny con el gesto relajado, al lado de un carruaje esperando la salida de Vienna.

El cocinero habla consigo mismo mientras les ve partir: “Como dice ese, lo que uno necesita es un buen cigarro y una taza de café”, con el rostro muestra la duda sobre cómo interpretarlo: un sabio consejo o una broma matutina. El carruaje se dirige a la ciudad, guiado por Johnny (vestido con tonos ocres), Vienna (vestida con tonos grises y pañuelo rojo al cuello).

“Hombres vestidos de funeral encabezados por una mujer avanzan hacia Vienna, mientras Emma, furiosa, intenta convencerlos de su maldad.”

Escena del enfrentamiento y duelo

«Johnny Guitar es como un sueño: mágico, irreal, delirante. Una película en la que los cowboys se evaporan y mueren como bailarinas de ballet».

François Truffaut

Nicholas Ray, y su guionista Philip Yordan, introducen elementos que hacen cambiar la dirección de cada escena; nada puede ser dado por hecho, el destino o el azar influyen en las decisiones humanas. Es una técnica que usan, una y otra vez, para mantener la tensión dramática en la historia.

Johnny espera en el exterior del banco, mientras Vienna pide su dinero, el director abre la caja de seguridad y segundos después un grupo de atracadores irrumpe en el local —Kid y sus hombres a cara descubierta— y estos recogen todo el dinero del fondo, pero no se llevan el dinero de Vienna. Johnny observa el espectáculo, desde la entrada al banco, con media sonrisa. Vienna intenta evitar el atraco, porque todo el mundo deducirá quienes son los autores y eso empeorará la situación.

Como toda película de western, también en esta hay una persecución, pero con un dilema sobre la dirección a tomar, mientras Emma quiere dirigirse al local de salón —cree que Vienna es la organizadora—, el sheriff prefiere dirigirse a las montañas, reparte armas y munición a los hombres del pueblo, todos ellos vestidos con traje negro, camisa blanca y lazo negro, puesto que vienen de un entierro en el cementerio del pueblo. Tras un apasionado discurso, Emma decide cabalgar en cabeza con el grupo, una masa que toma fuerza del número, pero que no piensa y cree solo en su función destructiva, colgar a alguien como responsable del asalto a la diligencia y del atraco al banco.

Johnny le incita a huir, ya que está convencido de la patrulla busca a alguien a quien linchar. Sin embargo, Vienna ha decidido ir al banco, retirar todos sus fondos y al regreso despedir al personal con una buena indemnización, cerrar el “saloon” y permanecer sola a la espera del ferrocarril. Ella le da un fajo de billetes y le despide, como al resto de empleados, pero él lo deja sobre la barra y sale del local.

Vienna está sola en el “saloon”, viste un vestido blanco de lujo, mientras toca en un piano la melodía de la película (música de Victor Young). El fondo del local está construido con la piedra a la vista, de un rojizo llamativo, lo que acentúa, por contraste, la figura y el piano. Entonces entra la patrulla de linchamiento.

Nada es casual en esta escena, la disposición está estudiada para que Vienna sobresalga, blanco sobre un fondo rojo, una tarima, un piano colocado en el centro; en cambio, la patrulla forman dos líneas dirigidas hacia el vértice, hombres vestidos de funeral encabezados por una mujer. Es una disposición de los personajes que hace que los lados del triángulo formen líneas de fuga que se dirigen hacia un vértice: Emma, que mira furiosa a Vienna, quien aparentemente tranquila, toca el piano. Se despliegan aún más, algunos hombres buscan en otras estancias sin encontrar a nadie, avanzan lentamente hacia Vienna mientras Emma intenta convencerlos de la maldad de su antagonista (la cámara les filma en un ligero picado). Vienna abandona el piano y de pie despliega su discurso de inocencia, acusándoles de mancillar su casa con falsas acusaciones.

Ambos discursos están filmados con ligero contrapicado que agranda la figura de los participantes, medio plano para Joan Crawford y una ligera perspectiva para la numerosa patrulla.

Entonces un elemento externo rompe la dinámica de la escena. Uno de los atracadores, herido en la huida y escondido bajo una mesa, es descubierto por la patrulla. Es el dato que falta para que la enfebrecida teoría se demuestre. Lo amenazan con la horca, a menos que acuse a Vienna. El atracador le pregunta qué hacer y esta le contesta que se salve, aun sabiendo que eso la condena a ella.

El cocinero, Tom (John Carradine), sale de la cocina con un arma, pero es pronto abatido, aunque también mata a un miembro de la patrulla. Vienna corre hacia la cocina, toma su cuerpo entre sus brazos para escuchar sus últimas palabras.

(Vienna) — ¿Por qué lo has hecho, Tom?

(Tom)— Tú lo hubieras hecho por mí. Mira, todo el mundo se fija en mí. Es la primera vez que me siento importante.

Desenlace

«Sí, quise construir una historia lírica que le permitiese a Nick dar rienda suelta a sus ideas barrocas. Colaboró conmigo, no tanto en el plano dramático como en el plano arquitectónico, en la composición de los decorados, como el del saloon y en el establecimiento de las relaciones geométricas entre los lugares.»

Philip Yordan (guionista). Entrevista de Bertrand Tavernier

Cahiers du cinema, febrero 1962

El desenlace pasa a filmarse en un “falso exterior”, es decir, filmado en interior con objetos artificiales y unas telas de fondo que reproducen el horizonte. Las escenas se suceden a un ritmo mayor del usado hasta ese momento. Desde el intento de ahorcamiento de Vienna hasta su liberación por Johnny, su huida a través de unas galerías mineras, mientras Vienna aún lleva su suntuoso vestido que comienza a arder al rozar una antorcha, la ropa de minero, casualmente cercana, que usa para cambiarse. Ambos se dirigen al único lugar que creen seguro: la cabaña de los mineros, cuya entrada se encuentra tras una cascada. En la cabaña se suceden los enfrentamientos, entre Johnny y Kid, entre Johnny y uno de los atracadores (Ernest Borgnine), las disputas entre los atracadores sobre el camino de huida, etc. Emma y la patrulla encuentran la entrada tras la cascada por uno de esos azares de la vida: un caballo sin jinete que regresa por un camino aprendido.

La cabaña situada en una colina, con una pendiente extrema, sirve para el último enfrentamiento entre Emma, aún vestida de luto, y Vienna con una reluciente camisa amarilla. El duelo, llamativo por ser entre dos mujeres, es desigual, ya que Emma ha de ascender a rastras la colina para intentar ganar el duelo. Para evitar una inclinación excesiva de la cámara, se presenta a las protagonistas filmadas en posición lateral y a su altura corporal. Al final, es Vienna quien con un certero disparo mata a Emma, final del duelo que es la liberación del conflicto mantenido desde la llegada de Vienna al pueblo.

Cuando Nicholas Ray (1911-1979) es diagnosticado con una enfermedad terminal, decide abandonar el hospital y vivir sus últimos días en su casa junto a su joven esposa y uno de sus hijos. Invitó a su casa a Wim Wenders, a quien había conocido cuando este filmó en EE. UU. (El amigo americano, 1977). Wenders se acomoda en un sofá desde el que espera los momentos menos dolorosos para hablar con su viejo amigo. Ambos deciden filmar esos dos meses en una mezcla de documental y película con guion hecho a medida. “Sabía que quería trabajar y morir trabajando”, dice Wim Wenders en la película (Relámpago sobre el agua, 1980). Ray es el protagonista con su retórica sobre la vida y la muerte, sobre la forma de trabajar en el cine, sobre la selección de encuadres, actores, guiones, etc.

Años después, Wim Wenders hizo otro documental sobre su admirado Jasujiro Ozu (Tokyo-ga, 1985) con entrevista a Yûharu Atsuta, cameraman del maestro desde 1941 hasta su muerte en 1963. Es una película sobre la ciudad, y un homenaje a la obra maestra “Cuentos de Tokyo”, cuyas imágenes abren y cierran el documental.

Hay una línea invisible que une a Ozu con Wenders, a Ray con los jovenes críticos de Cahiers du cinema, que reivindican la obra de Ray, convertidos posteriormente en los directores de la Nouvelle vague (Truffaut, Godard, Tavernier, etc.). Directores de diferentes países, épocas y estilos, pero todos relacionados entre sí por la defensa de la libertad creativa, la elección de guion, actores, filmación en interior o exterior, encuadres, etc.; dejando siempre la huella de su percepción personal, sobre el ser humano y el mundo, narrada con una cámara de cine. Es lo que se llama “cine de autor”.

Ficha técnica:

Título original: Johnny Guitar

Año: 1954

Duración: 110 min.

Dirección: Nicholas Ray

Guion: Philip Yordan. Novela: Roy Chanslor

País: Estados Unidos

Compañía: Republic Pictures

Reparto

Joan Crawford - Personaje : Vienna

Sterling Hayden - Personaje : Johnny Logan

Mercedes McCambridge - Personaje : Emma Small

Scott Brady - Personaje : Dancin' Kid

Ward Bond - Personaje : John McIvers

Ben Cooper - Personaje : Turkey Ralstone

Ernest Borgnine - Personaje : Bart Lonergan

John Carradine - Personaje : Old Tom

Equipo técnico

Música: Victor Young

Dirección de fotografía: Harry Stradling Sr.

Edición: Richard L. Van Enger

Dirección de arte: James W. Sullivan

Diseño de vestuario: Sheila O'Brien

Decoradores de escenografía: Edward G. Boyle. John McCarthy Jr.